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Centro de Instrucción

Servicio Militar
Hubo un tiempo en el que había una experiencia por la que tenías que pasar, si o si, si querías convertirte en un hombre, hablo del Servicio Militar Obligatorio o, familiarmente, la mili y aunque os parecerá una cosa del pasado, en realidad, el servicio militar obligatorio fue abolido en España el 31 de diciembre de 2001, hace menos de ocho años.

El Servicio Militar Obligatorio en España (la "Mili") estuvo en vigor desde 1912 hasta 1996, podremos ver juntos un documental de 1974 sobre el Centro de Instrucción de Reclutas (C.I.R.), e incluye la Jura de Bandera de los soldados de reemplazo.

La mili era una putada para la mayoría de nosotros, sobre todo para los que hubieran cometido el fatal error de dejar los estudios; en mi caso, muchos tuvimos que ir a regalar un año de nuestras vidas a la Patria, además por la cara y totalmente de gratis.

La mili siempre fue algo más que cumplir con los deberes militares, el cuartel supuso un rito de paso en la vida de los jóvenes de entonces donde se nos reconocían unos derechos que nos permitían ingresar en el mundo de los adultos, la mili, además, constituía un elemento perturbador tanto en el mundo rural como en el urbano, justo en el momento en que iniciábamos o intentábamos encauzar nuestra vida profesional o los estudios académicos, pero para otros suponía un cambio de aires, aprender a leer y a escribir, sacarse el carnet de conducir de automóviles, adquirir alguna formación profesional, conocer mundo y relacionarse con gente de otras regiones.
Mi incorporación a filas para comenzar el período de instrucción militar comenzó en pleno verano, el 15 de Julio de 1971 y me tocó en la Península, en el Ejercito de Tierra, realicé los primeros 3 meses de campamento en el Centro de Instrucción de Reclutas (CIR) nº 1 del Cerro de San Pedro en Colmenar Viejo, a unos 36 km. de Madrid, perteneciente a la 1ª Región Militar.

El día que comencé la andadura militar tuve que ir a la estación de Chamartín llegando sobre la ocho de la mañana donde nos esperaba un tren especial para militares con todos los soldados del reemplazo, pero no lo pudimos ocupar hasta las 10:00, tras habernos antes suministrado dos bocadillos, uno de sardinas en aceite y otro de mortadela, nos dijeron que era todo el condumio hasta la noche, arrancamos de Chamartin y nos llevaron hasta la estación de Colmenar Viejo y despues de 7 horas de viaje concluimos el viaje llegando hacia las tres de la tarde, alli nos esperaban unos autobuses para trasladarnos al recinto del Centro de Instrucción o CIR,  al llegar nos dejaron en la Plaza de Armas y esperamos para hacernos el reconocimiento médico, tras las pruebas de rigor, vino el tanteo de los cojones y las vacunas, y entre ellas, ¡cómo no!, la famosa inyección en la espalda, nos ponían en fila, con el torso al descubierto, iban pasando enfermeros sucesivamente, el primero te daba un brochazo de yodo, mojando la subsodicha brocha en un bote cual de pintura se tratara, otro enfermero iba clavando las agujas, que sacaban de una lata cuadrada de envase de carne de membrillo, en los brazos y en la espalda, y por último, después de tener las banderillas clavadas un buen tiempo (alguno se llegó a marear), llegaba el tío del enorme jeringón, que aplicándolo en las agujas clavadas nos suministraba la dosis indicada.

Una vez terminada la sesión de las inyecciones, me asignaron al Batallón V, Compañía 17ª, el barracón era una nave corrida de dos pisos ocupada por literas de tres alturas, pasillo en medio y taquillas junto a las paredes, es decir, un enorme dormitorio doble para ciento y pico reclutas, los retretes o letrinas que estaban a la entrada de la Compañía eran del tipo de plato turco, los teniamos que mantener bastante limpios y era obligatorio el papel higiénico individual, cuya compra corría por nuestra cuenta y lo guardábamos en nuestra taquilla.


Primer día y primera diana

Hora de levantarse a las 7:00 de la mañana cuando tocaban diana con la música de la canción
Quinto levanta, tira de la manta.
Quinto levanta, tira del colchón,
que viene el sargento
con el cinturón...

Diana era el toque de corneta para levantarse de  la cama y antes del aseo, el sargento o cabo primero de semana pasaba lista para ver que estabamos todos, y tras vestirnos rápidamente, formábamos en el exterior mientras se pasaba lista y se leían las órdenes del día, después teníamos un tiempo muy corto para el aseo personal y al terminar de lavarnos, nos dirigíamos a desayunar hacia los comedores para tomar el sucedáneo de chocolate, hoy podría parecer todo esto surrealista.

Fagina o también llamado Rancho era el toque de corneta que nos indicaba la finalización del trabajo y que llegaba la hora de comer.
Soldadito de España no tengas pena
que al toque de fagina barriga llena

Oración era el toque de corneta que se ejecutaba después de arriar bandera, aunque también se tocaba por las mañanas en versión corta para avisar del reconocimiento médico.
Aaaay, aaaay, qué malito estás

Relevo o también llamado Asamblea era el toque de corneta para hacer el relevo de la guardia saliente, o sea, que los que salían de guardia le cantaban en broma a los entrantes eso de

Guardias venid, venid, venid,
guardias llegad, llegad, llegad
unos irán al polvorín
otros irán a la Principal.
Si tienes guardia, jódete
que yo también la tuve ayer.
Cuando salgas del cuartel
quéjate al coronel.
Límpiad las botas y el mosquetón
si no el sargento os dará un gran bofetón

Aqui os dejo unos enlaces dónde podréis recordar aquellos toques de corneta o cornetin que tantas veces hemos oído, algunos más entrañables que otros, seguro que uno de los que más recordais es el de ...¡diana!


Aqui os dejo algunas canciones muy conocidas que soliamos cantar cuando ibamos de marchas
Sole, Sole, Sole, Sole
Cuánto me gusta tu nombre, Soledad.
Sole, Sole, Sole, Sole
También me gusta todo lo demás.
Y cuando sale Soledad
Me gusta una barbaridad.
Airí, airá, airí, airí, airá.......
Margarita se llama mi amor
 Margarita Rodríguez Garcés
  una chica, chica, chica, pum
  del calibre "183".
  Margarita el pañuelo sacó
  cuando el tren hizo píí... chacachá
  y una lágrima rodó, rodó, rodó,
  por su rostro angelical.......

La canción del Quinto peluso también la cantábamos muy a menudo
Cuando yo me incorporaba
tú recluta te reías
Porque he dejado a mi novia
Que era lo que más quería.
Hoy las cosas han cambiado
Recluta calamidad
Y la novia de un recluta
Con un veterano va.

Quinto peluso no llores más
Mira tu padre, mira tu padre
Qué alegre está.

Pita, pita maquinista
Pa llegar pronto a mi casa.
Para ponerle a mi suegro
La tercera imaginaria.
A mi cuñado de guardia
Y a mi abuelo de cuartel.
A mi prima de semana
Y a mi novia de retén.
Quinto peluso no llores más
Mira tu padre, mira tu padre
Qué alegre está.

Campamento de San Pedro
Campamento de San Pedro
Matadero de reclutas
Los que vengan en Enero
Los que vengan en Enero
Las van a pasar muy putas.
Los que vengan para Mayo
Los que vengan para Mayo
La van a pasar peor
Los que vengan para Julio
Los que vengan para Julio
De esos ya me encargo yo.

Quinto peluso
No llores más
Mira tu padre Mira tu padre
Que alegre está.

Las impresiones de los primeros días no fueron demasiado malas, se comía aceptablemente, en el desayuno conseguiamos varios estuches de mantequilla, las cenas, más flojas pero nos daban libertad para pasar de ellas, yo y algunos amigos del barracón no ibamos al comedor sino que ibamos a cenar a una zona del Campamento que llamabamos los Chopos o ibamos a la cantina, que era barata, con buenos bocatas y trasegando vino de San Fernando, el único a la venta, después del ejercicio diario, estabamos hambrientos y esperabamos con impaciencia el papeo e invariablemente el toque a fajina que era uno de los más esperados del día, el turuta de turno anunciaba que el rancho nos aguardaba en el comedor.

A continuación os dejo la letra de la canción que se refiere a la Fajina

Soldadito de España no tengas pena,
que al toque de fajina, barriga llena

El Plan de trabajo diario consistía en hacer gimnasia a la cual ibamos con la ropa de deporte, despues volviamos a la Compañía y nos cambiabamos para ir a hacer la instrucción de la mañana, sobre las 11:00 AM parabamos y nos tomabamos un bocadillo, siempre de mortadela, terminabamos la instrucción y todos a comer, ya por la tarde teniamos clase teórica y despues tiempo libre.

El toque de bajada de bandera era a las ocho de la tarde, y el de retreta para recogerte en la compañía a las nueve, también en formación y con nuevo pase de lista y lectura de los servicios del día siguiente, podía tocarte guardia, que era el peor, cocina o limpieza, bien de la propia compañía o en instalaciones generales, a mí, a los pocos días me toco cocina ¡Una enormidad! cualquier cosa que se diga siempre quedará escasa, ollas exprés cuya tapa se levantaba con grúa, descomunales perolas que necesitaban varias personas para manejarlas, miles de platos para lavar y secar, que aumentaban si el postre era arroz con leche, todo el día acarreando legumbres, enormes trozos de carne o cajas de pescado, pelando y cortando patatas, cebollas y todo tipo de verduras, y sobre todo barrer, barrer y fregar continuamente, pues los cocineros ayudados por soldados veteranos allí destinados, lo tiraban todo al suelo, ¡cabronazos!, terminabas reventado y después de las diez, cuando ya se había tocado silencio y todos estaban acostados, la única recompensa era ponerte como el kiko de comer todo lo que quisieras, incluso las exquisiteces que preparaban los cocineros para ellos, ese día que estuve en cocina cortaron el pelo a todos los reclutas de mi compañía y repartieron la ropa de soldado, el kaki, por esta razón y como yo no pude asistir al corte de pelo y entrega del uniforme, me tocó estar con la ropa mía propia y con largas greñas unos días más, los reclutas me miraban como a un bicho raro, pues éramos poquísimos los que deambulábamos por el campamento de tal guisa.

La instrucción, tan consustancial con el ejército, aprender a formar, a desfilar, hacer los giros, los movimientos con el fusil, conocer las órdenes de mando y toques de cornetín y corneta, a mí me parecía una tontería y una pérdida de tiempo, al fin de cuentas, todo consistía en que desfiláramos bien el día de la Jura de Bandera; sólo cuando lo hacíamos con música o cantando nosotros, resultaba agradable, para colmo, muchas veces terminábamos castigados, corriendo con el fusil Cetme en alto y con el teniente cabreado, os podéis imaginar?, y todo por culpa de los más de un niñato gilipollas e inconsciente que tenía por compañeros, que no sabían distinguir entre un momento de broma y otro de seriedad, y que la mitad de las veces o estaban en babia o eran tontos del culo, sin el más mínimo indicio de coordinación en los movimientos, que cambiaban el paso continuamente, y que cuando ordenaban girar a la derecha, por ejemplo, atropellaban al resto y giraban a la izquierda.

En las clases teóricas se aprendía el funcionamiento y limpieza del fusil Cetme y poco más sobre balística, bastaban un par de días, pero con el personal de la clase... cuando eres del grupo de los más espabilados existe el peligro de que los otros se mofen de ti o que te tengan más respeto, yo creo que pasó esto último, y también por parte de los oficiales.


Dos veces a la semana, por la tarde en ropa de deporte o con sólo los calzoncillos y con la toalla y el jabón en la mano, íbamos a las duchas que estaban un poquito apartadas, nos enjabonábamos rápidamente en unas piletas y corriendo, todos en pelotas, pasábamos por un largo pasillo con chorros de agua a presión que salían de las paredes, el tema del sexo estaba controlado, con las espuertas de bromuro que debían echar en la comida y el sólo ver tíos, ni te ponías.


A pesar del calor, saliamos de maniobras por la zona, cerca del embalse de Santillana, con  comida de campaña en el macuto y el  chopo, o mejor dicho la novia (el Cetme) bien agarradito, ya sabiamos cuando era el día de las maniobras porque nos hacian pertrecharnos con  macutos,  cantimploras, etc... en el atardecer tomabamos un  camino rural hacia el oeste para ir de marchas vespertinas/nocturnas o para ir al  campo de tiro que estaba situado justamente en el lado opuesto de las marchas, es decir, hacia el este, justo debajo del Cerro San Pedro que da nombre al CIR, en algunas de las maniobras nos separaban en tres grupos al mando del teniente y los dos alféreces y por caminos distintos y orientándonos con una brújula y el mapa correspondiente teniamos que reunirnos de nuevo en un paraje indicado, salió todo bien y fue un día agradable y lleno de camaradería.


La Jura de Bandera fué el 26 de Septiembre de 1971, casi salió perfecta de no ser porque la noche anterior estabamos formados y de cachondeo y el gili del alferez me recriminó lo que estaba haciendo y me mandó cortar el pelo al cero, emocionante, con las familias presentes, yo desfilando con esta guisa y mis compañeros sin cantar la canción que se compuso en la Compañía para este evento, los familiares fueron invitados posteriormente a visitar el acuartelamiento y a un aperitivo en los comedores, después nos concedieron un permiso de tres días para posteriormente incorporarnos a los cuarteles respectivos.


Dos veces tuve problemas con la gorra, la primera con la gorra de campaña, que me la quitaron en la cantina, ir sin gorra era una falta gravísima, y además ¿cómo saludabas a los mandos sin ella? pero en pocos minutos me pusieron en contacto con la mafia de veteranos que las vendían, usada naturalmente pero no capada (era una broma, más bien putada, que consistía en romperte el plástico interior de la visera) y casi seguro que robada por ellos o por su camarilla, la segunda con la gorra de paseo, en Madrid, en un fin de semana, me la deje olvidada en un bar cercano a la estación de Atocha, me di cuenta cuando estaba ya bajando a la estación del metro, pero volví corriendo y allí estaba, ¡Menos mal!, porque esa vez sí que hubiera sido grave, ¡Cómo me presentaba el lunes en el campamento sin ella! y después de todo, qué suerte tuve de no cruzarme con algún mando del Ejército o con los Pili y Mili, los de la PM (Policía Militar), que merodeaban frecuentemente por Atocha y me hubieran emplumado.

Una vez que me licencié, tenía que presentarme períodicamente por las dependencias del Gobierno Militar para pasar la revista militar (cada año te sellaban la cartilla militar, en aquellos tiempos no te pagaban en la empresa si no tenías la cartilla actualizada), la licencia no era definitiva hasta que no pasaran quince años y en cualquier momento te podían movilizar si hubiese algún conflicto militar, por suerte nunca lo tuve que hacer, pasé la última revista militar y conseguí la licencia absoluta el día 30 de Diciembre de 1986 y de esta forma pude olvidarme definitivamente de LA PUTA MILI.


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