Equitación - Viaje en el tiempo

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Equitación

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Aprender a montar a caballo es algo que nunca me había planteado, sí claro, alguna vez había hecho aquello de salir a pasear en caballo en un picadero, pero eso no es más que sentarse y dejar que el caballo haga el resto; si, el picadero es bonito, bien, pero aún así puede ser bastante aburrido y no tiene nada que ver con montar a caballo de verdad.

Montar a caballo es un pasatiempo agradable para todos, pero requiere no sólo esfuerzo físico, sino también mental, hay que recordar que parte del trabajo lo realiza un animal, un ser vivo y este no siempre va a querer seguir nuestras órdenes, hay que tener en cuenta el elemento de incertidumbre que puede suponer la equitación.
Mis salidas a caballo siempre fueron por la Sierra de Guadarrama lo que me permitia recorrer sus bosques a caballo siendo una experiencia para los sentidos ya que no solo nos dedicabamos a trotar sino a saltar riachuelos y algún que otro galope.


El dueño del picadero nos permitia salir con los caballos por los rincones más recónditos de la sierra, de hecho, un día tuvimos que ayudar a un pastor a guiar a su redil a las ovejas que todavía se mantenian en pie ya que fueron atacadas por perros asilvestrados y algunas de ellas estaban tan destrozadas que no sabiamos como podian seguir andando, ya en la cabaña, el pastor no tuvo más remedio que sacrificar a las que estaban medio muertas.
Los valles que abrazan Guadarrama y Cercedilla ofrecen numerosas posibilidades para descubrir sus rincones a lomos de un caballo, como por ejemplo el Valle de La Fuenfría, repleto de espesos pinares y arroyos nos permite salidas donde podemos escuchar los cantos de sus aves, con miradores a los que poder acceder cabalgando.

Siete Picos nos permite galopar por sus verdes praderas flanqueadas de roble melojo, bajo la imponente presencia de la mole de piedra que corona el valle; el tercer valle de Cercedilla, el de Navalmedio, recoge las aguas procedentes de la estación de esquí del Puerto de Navacerrada, y nos permite descubrir a caballo minas como la de las Cortes y campamentos abandonados.

Carmen mi mujer también venia conmigo a montar y bastantes apuros pasó, pero ya os contará alguna de sus anécdotas.


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