La Casa de Campo - Viaje en el tiempo

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La Casa de Campo

Mi Madrid

Si visitas Madrid no puedes perderte conocer la Casa de Campo, no es que sea un parque maravilloso y bien cuidado, pero es un icono de la ciudad especialmente la Zona del Lago, alrededor de éste hay muchos bares y restaurante dónde sentarte a tomar algo, es muy agradable.


La estación de metro o más bien Suburbano de Lago fue inaugurada en 1961 en plena expansión de la Feria del Campo, que era un importante Certamen Internacional de carácter agrario que tenía lugar muy cerca de ahí, el propio edificio que alberga la estación tiene un peculiar aspecto rural y folklórico, muy en la línea del resto de edificios construidos para el evento que pretendían mostrar los avances y logros de la agricultura española.

El acceso mediante arcos a la estación y el característico reloj que culmina el edificio, son junto al ancho hall algunas de las características de esta estación, a la que llegaban muchos de los asistentes a las Ferias.




La Casa de Campo de Madrid es el último reducto salvaje que nos queda aún por el centro de España para hacer un poco de deporte sin salir casi de casa o pasar una tarde de verano con gente de toda índole que llegan en el Suburbano desde la ciudad, la Casa de Campo cuenta con más de 1700 hectáreas en la que puedes hacer un poco de todo: piragüismo, ciclismo, cross, senderismo o trekking, etc; actualmente está un poco dejada por el poco presupuesto del Ayuntamiento de Madrid.



En este Parque de la Casa de Campo, se encuentran situadas diversas instalaciones como el Parque de Atracciones, el Zoológico, el Acuario, el Teleférico que conecta la Casa de Campo con el Parque del Oeste al otro lado del río Manzanares; parte de los recintos feriales de IFEMA (Institución Ferial de Madrid), el pabellón multiusos Madrid Arena, la Venta del Batán (lugar tradicional de encierro de los toros en los días previos a su lidia en la Plaza de Toros de Las Ventas) y diferentes instalaciones deportivas populares.



La Feria del Campo era una exposición bianual de carácter internacional (sólo la primera fue nacional) que se inauguró el día 20 de mayo de 1950 y que se mantuvo hasta principios de los 70, se celebraba en la Casa de Campo y se trataba de un Certámen al que acudían las distintas provincias españolas y algunos países americanos trayendo muestras de lo mejor de su ganaderia, productos agrícolas, cerámica, etc... así como lo último en material agropecuario que se entremezclaba con los áperos tradicionales en los distintos pabellones provinciales, todo esto se complementaba con concursos ganaderos donde se podían apreciar los mejores ejemplares de las distintas razas de ganado bovino, ovino, etc…, y con los Coros y Danzas y Música Regional y la degustación de los productos típicos de cada provincia o región.

Este evento lo organizaban las Hermandades Sindicales de Labradores y Ganaderos y la periodicidad era trianual salvo 2 ferias (la VIII y la IX) que tuvieron periodicidad bianual.

Todas las provincias de España levantaron un pabellón representativo, algunos de ellos son monumentos que fueron traídos piedra a piedra y reconstruidos in situ con fidelidad meridiana como eran en su lugar de origen, fué la única a nivel Nacional y después se llamó Feria Internacional del Campo en las siguientes ediciones y contaba con veinte kilómetros de caminos y carreteras interiores que se podían recorrer con coches mecánicos y autobuses los 456 pabellones, veinticinco de ellos eran extranjeros de algunos países como Italia, Austria, Marruecos, Australia, aqui os muestro las fechas de las diferentes Ferias que se inauguraron en la Casa de Campo de Madrid.

I Feria Nacional del Campo (1950)
II Feria Internacional del Campo (1953)
III Feria Internacional del Campo (1956)
IV Feria Internacional del Campo (1959)
V Feria Internacional del Campo (1962)
VI Feria Internacional del Campo (1965)
VII Feria Internacional del Campo (1968)
VIII Feria Internacional del Campo (1970)
IX Feria Internacional del Campo (1972)
X Feria Internacional del Campo (1975)

Aprovechando estas Ferias, se desarrollaban Concursos, ganaderos con los mejores ejemplares de las distintas razas de ganado bovino y ovino; los últimos modelos de maquinaria y aperos de labranza; cerámica; se saboreaban productos típicos de cada provincia o país participante y había exhibiciones del folklore de coros y danzas de cada una de ellos.

Me refiero a la antigua, a la que se inauguró por los años 50 y desapareció por los 70; ahora hay otras, importantes sin duda pero acostumbrados al exhibicionismo ya no impactan como aquella en la que física y materialmente se convirtió en el escaparate de lo que el campo español significaba para la economía española en la etapa de la autarquía, el campo entraba en Madrid cada dos años, los niños podían conocer lo que era una oveja o una vaca, tocarlas incluso y los padres degustar productos regionales sin ningún tipo de intermediarios, todo sabía distinto, todo era real en aquellos rincones recreados miméticamente a sus originales: la Puerta Bisagra de Toledo, la del Carmen de Zaragoza, un Hórreo asturiano… y tantos otros pabellones regidos por personas vestidas con los trajes regionales expresando lo que de auténtico proporcionaba la tierra.



La Feria abría por la mañana y cerraba bien entrada la noche salvo para los que podían y se permitían ver amanecer, los transeúntes digámoslo así, pagaban su entrada, paseaban arriba y abajo, tomaban un chupito aquí, un copita allá, su Whisky DYC en el pabellón de Segovia o un Pincho moruno entre Ceuta y Larache, también había familias predispuestas a comer Compango y Fabada y luego un Licor de plátano en Gran Canarias, sin embargo el misterio estaba en conocer a alguien importante en alguna Diputación de más acá o más allá para hacer un recorrido a conciencia después de cerrado el recinto y para rematar los sucesivos días Provinciales, rumbo y tronío de esta España nuestra; a veces era imposible ir a todos los Pabellones, de entrada se iba a Pontevedra y era para hacer parada y fonda cuando esos animalitos llamados Mariscos hacían acto de presencia en unas bandejas del tamaño de los transatlánticos, cubierta de botes salvavidas que, allí, sustituían con Filloas, con Lacones y Albariño, mucho, mucho albariño.



No recuerdo exactamente cuántos días duraba el martirio, pero daba tiempo para adentrarse en Cuenca y hacerse amigo íntimo del Morteruelo, de los Zarajos, del Atascaburras, sin olvidar el trato que se merecen las Tortas Alajú y el Licor Resolí para tener sabor dulce a la amanecida.


¿Hay que nombrar la Merluza a la vasca, el Caldero del Mar Menor, las Magras con tomate, el Ternasco a la baturra…?


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