Las Verbenas - Viaje en el tiempo

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Las Verbenas

Tiempo de ocio


Unos momentos inolvidables de mi juventud eran cuándo llegaban las fechas de la Verbena de San Isidro, la ponían en la zona dónde hoy día está el Estadio del Manzanares, allí comprabamos unos polos que vendían en unos carritos con dos conos de hojalata y de dónde sacaban trozos de hielo a los que se le echaba por encima liquido de menta o fresa, o lo que fuese, todavía recuerdo el aroma a fresa, chupabas y enseguida te quedabas con el hielo en la boca.

Es posible que alguna vez hayas escuchado eso de es más chulo que un ocho, esta expresión que quizás alguien podría pensar que tuviera alguna relación con la apariencia que pueda tener el número en cuestión, tiene un origen bien distinto, aunque se usa coloquialmente para indicar el carácter chulesco de una persona, su origen hay que buscarlo en el número de un tranvía de Madrid que llegaba hasta el lugar donde se celebraba la popular Verbena de San Isidro, el número del tranvía era el nº 8 y en su interior todos sus ocupantes viajaban vestidos de chulapos, la chulería que desprendía ese tranvía era tan grande que con el tiempo se fue haciendo popular la expresión citada que ha llegado hasta hoy día.

Hay Verbena en la Pradera de San Isidro y fiesta en Las Vistillas



Se bebe agua de la fuente milagrosa, a continuación se compra el botijo colorao de Alcorcón de cada año; luego se saborean las consabidas rosquillas del santo, tanto las listas como las tontas, las francesas y las de Santa Clara sin olvidar las de la Tía Javiera; se comen después sentados tranquilamente en la pradera de San Isidro; tras la comida se hace una medio siesta y ya por la tarde, se continúa la fiesta, bailando algún chotis a ritmo de organillo en la popular verbena.

Pero para los chavales la diversión estaba en las atracciones de feria, el torpedo, los coches de choque, las sillas voladoras, las tómbolas, los caballitos del tiovivo, las barcas, por cierto, algo que hace muchos años he dejado de ver en las verbenas, eran unas barcas que se balanceaban como los columpios y cuanto más alto mejor, las empujaba el mismo dueño de la atracción.

Las verbenas se organizaban por vecindarios, barrios o incluso por calles dependiendo de la zona y todo el mundo colaboraba para organizarlas...Gloria a Dios en las alturas, recogieron las basuras de mi calle, ayer a oscuras y hoy sembrada de bombillas, y colgaron de un cordel, de esquina a esquina, un cartel y guirnaldas de papel rojas, verdes y amarillas..., asi que Verbena es una fiesta popular de una localidad o de un barrio de una ciudad, asociada a veces a algún Santo Patrón como San Isidro y a la noche, como en el caso de la conocida verbena de San Juan en el solsticio de verano, tradicionalmente incluía baile, tenderetes de comidas y bebidas típicas y todo tipo de chucherías, a veces la organización de la verbena preparaba un concurso de bailes típicos de la zona como el Chotis o de bailes llamados de salón; la palabra verbena, con la que se designa la velada de regocijo popular que se celebra en la víspera de ciertas festividades, correspondía al nombre de una planta, la verbena (Verbena officinalis), en algunos lugares de España, como por ejemplo en Madrid, fue costumbre en el pasado acudir al baile con un ramito de verbenas en la solapa, lo que daría lugar a que las fiestas más populares acabaran llamándose asi.

Y así encontramos la copla que dice…
“ A San Isidro he ido
y he merendao
más de cuatro quisieran
lo que ha sobrao.
Ha sobrao gigote y empanadillas
Un capón cuatro huevos
Y tres tortillas”


Pocas cosas había que nos hiciesen más felices a los niños que escuchar de sus padres venga niño, que nos vamos a la verbena, las cosas en aquella época eran asi, ir a la feria a montar en aquellas ingenuas y a veces toscas atracciones era una de las mejores aventuras que la vida infantil podía depararnos; en mi juventud ibamos a la verbena a montar en aquellas atracciones y te metías de lleno en un mundo de luces, sonidos, aromas y sabores que nunca se olvidan por muchos años que pasen; las sirenas estrepitosas que anunciaban el final o el principio de los viajes de la atracción, el olor del algodón de azúcar, el sabor de cocos frescos, chufas y altramuces sumergidos en agua…, no os pasa ahora mismo que lo recordáis todo?, y esos churros ensartados en junquillos?


De niños, a finales de los 60 y primeros años 70, disfrutábamos  las Barracas por la tarde, en aquel tiempo de nuestras vidas era imposible sustraerse a la vigilancia paterna, te dejaban subir a los caballitos, dar muchos  paseos por el recinto de la verbena, algún dulce como el típico algodón de azúcar, las manzanas caramelizadas, unos polos de helado, algún gorro de seda o trompetilla festiva, los barquillos y la esporádica tentativa a la suerte en la tómbola de las barracas, las tómbolas eran otras de las atracciones que no podían faltar en las fiestas de los pueblos, siempre tocaba algo y no había persona que se fuera a casa sin el peluche de regalo, eran muy variados los regalos que se repartian entre los que compraban los boletos; aún resuena en mis oídos el vozarrón del locutor de la tómbola, con su micrófono en ristre diciendo qué alegría, qué alboroto, otro perrito piloto o y mira la chochona, qué guapa la chochona; en esos años, la tómbola era una de las atracciones más populares, hasta llegó a acuñar dichos como a ése le han dado el carné de conducir en la tómbola! para definir a un mal conductor.

La gente compraba boletos y esperaba con ansia ver si les había tocado algo, yo creo que aquellos jamones y todos los regalos buenos eran añejos ya, nunca vi a nadie ganar uno de ellos, como máximo, te podías  llevar un peluche enorme, eso sí, lo dejábamos todo perdido de los restos de aquellos sobres y boletos de colores no premiado.


Después, nos acercábamos a ver los escobazos de la bruja en la atracción del Tren de la Bruja, uno de los clásicos de las verbenas de mi época, viajabamos en un trenecito por un túnel y cuando menos te lo esperabas aparecía una bruja armada de pequeñas escobas, empeñada en sacudirte con ellas a la más mínima oportunidad; lo que más recuerdo de esta atracción es lo asustados que estabamos de aquella bruja que nos intentaba pegar con la escobilla… y que, cuando el tren entraba en la zona oscura del túnel, aún nos asustaba más, ya que no sabíamos donde iba a aparecer; con el tiempo, ya intentabamos arrancarle las escobas a la bruja para conseguir un viaje gratis; sin ese toque terrorífico había otras atracciones muy destacables como las del Laberinto de los Espejos.


Los Carruseles o Caballitos, o Tiovivos, como los conocíamos entonces, eran una de las atracciones más representativas de las ferias, uno podía sentarse allí al volante de un coche de bomberos o de una ambulancia incluso de una diligencia, sujetando las riendas, mientras dabas vueltas tranquilamente, y saludabas a tus papis cada vez que el carrusel daba una vuelta completa; las motos tampoco estaban nada mal, y los aviones y las naves tenían su aquél, pero, los camiones de bomberos, con aquellas campanitas y escaleras cromadas… eran lo más! y venga a tocar los botoncitos de los coches, menudo guirigay


Una de las atracciones estrella de las ferias eran los coches de choque… a ver… quién no se ha dejado casi los piños en uno de aquellos choques frontales con otros coches ya que carecian de frenos? embistiendo en aquellos primeros años de adolescentes los coches de las chicas, ¿cuantas fichas y duros habremos dejado en los autos?, todo un clásico de la feria, con sus grandes pistas y su multitud de coches chocando unos contra otros, y además, dejaban montar a quien quisiera, sin importar ni la altura ni la edad; yo montaba con un amigo, uno conducía, y el otro, pisaba el acelerador; una peculiar sirena avisaba que había finalizado nuestro turno; cómo envidiábamos a aquel hombre que corría por la pista apartando los coches que acababan su viaje, y qué rabia daba que se te subiese en el tuyo, y las chispas que soltaban los troles en forma de gancho, en la red del techo?  

Por supuesto, no nos olvidemos de las casetas de tiro dónde nos creiamos mayores disparando a palillos, bolas de chicles, etc...


Otras atracciones permitían probar la fuerza física: había una especie de Torpedo explosivo, el Martillo de fuerza, en la que los más macarrillas solían probar su testosterona o fuerza bruta con la maza de golpear, como no; quedan algunas que otras atracciones a cual más entrañables como son las Sillas voladoras, el Gusano loco y la Ola marina, el Látigo, la Noria, las Barquillas, etc...


Otro tipo de atracciones eran las carreras de caballos y las de motos.


Era costumbre la de merendar en el césped de la pradera y llevar el botijo con el agua de la Fuente milagrosa del Santo, en el patio de la ermita los pobres forman fila para beber de la fuente, acto que se acompañaba con estas palabras:


San Isidro hermoso
Patrón de Madrid
Que el agua del risco
Hiciste salir

Los múltiples puestos en los alrededores vendían rosquillas (Rosquillas del Santo), entre las más famosas se encontraban, las tontas (sin recubrimiento), las listas (con baño de azúcar), las de Santa Clara, las francesas, las populares de la Tía Javiera y las de Fuenlabrada, generalmente ensartadas en un hilo de bramante; también eran igualmente tradicionales los torraos y las garrapiñadas, las manzanas caramelizadas, los encurtidos, los escabeches; Igualmente era costumbre comprar botijos (coloraos de Alcorcón, o los amarillos de Ocaña), pitos de cristal con flores (los denominados pitos del Santo).



Las bebidas habituales eran los chicos de Valdepeñas (vasos de vino), la clara con limón y las limonadas.


Cada 15 de mayo es costumbre que los madrileños se reunan para comer en la famosa pradera y beber el agua que sale del caño de la ermita; el paseo que da a la ermita se llena de puestos con diversos productos de la cocina madrileña como pueden ser la fritura de las gallinejas y los entresijos, bocadillos, encurtidos como banderillas, aceitunas, berenjena de Almagro y como si se tratase de un picnic, extienden mantas en el suelo para disfrutar de la tortilla de patata, la empanada, el vino (preferiblemente en bota) o un cocido madrileño gigante.


Y por fin, un paseo por los sabores de la feria como los martillos de caramelo, manzanas caramelizadas, chupetes de caramelo, algodón de azúcar, altramuces, chufas, coco fresquito… y para los papis, aquellas casetas donde preparaban bocadillos y cervecitas, la feria acogía a todos, de toda condición y edad…como nota curiosa, yo aún pude ver en las verbenas a los barquilleros, tenías que girar una ruletita que llevaba en la parte superior del artilugio, y si ganabas (que siempre ganabas), te daban un barquillo…



Estaban también las casetas de comida, de pollos asados y salchichas con tortillas españolas, el olor y humo de las churrerías, las máquinas de algodón de azúcar, la tradicional barraca en la que aparecían dos baturros pisando uvas, menudo vino más fuerte aquel, y había otros espectáculos que se situaban en el recinto ferial pero algo más apartados del resto como los Circos y los Teatros de Varietés; entre los primeros recuerdo el Circo Price, el de los Hermanos Tonetti, el Circo Atlas, el Circo Mundial y entre los Teatros de Feria de Varietés estaban el Lido o el teatro de Manolita Cheng con espectáculos picantes de Varietés no aptos para niños.


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