Las Verbenas - Viaje en el tiempo

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Las Verbenas

Tiempo de ocio


Las imágenes que os mostraré son de las verbenas de las que tan solo nos quedan en la actualidad el olor de los churros al freírse y el polvo que levantan del suelo los pies de los que ibamos a deleitarnos de sus atracciones.

Cuando los madrileños no teníamos ni radio, ni cine, ni televisión, unido a una vida generalmente dura y difícil, las escasas por no decir nulas posibilidades de esparcimiento, o sea, del trabajo a la taberna ellos y de la durísima tarea en el hogar ellas con muchos críos y ningún electrodoméstico, al cotilleo de patio de vecindad, ellas, etc...

Las verbenas anuales que existian en cada barrio eran la única válvula de escape de aquellas gentes: el irse a beber un agua de cebada o un chato de vino o agua, azucarillos y aguardiente y divertirse en la verbena y rematar con un  bailoteo en la Kermés.

La verbena clásica, antecedente del Parque de Atracciones permitía al personal darse un chute de adrenalina, hacer exhibición de fuerza o de habilidad o todo a la vez y reírse un poco hasta de sí mismos olvidándose por un día del sentido del ridículo tan fuerte y arraigado entre nosotros los españoles.

Fabricadas con cuatro maderas y unos brochazos de pintura las atracciones eran humildes pero con un ingenio tal que el visitante acababa por acercarse y picar; el desarrollo tecnológico acabó por relegar al rincón de la ingenuidad a aquellos ingenios y poco a poco la aparición de nuevos entretenimientos y sobre todo, la posibilidad de acceso a los mismos casi universal hizo que la gente empezase a desdeñarlos y a olvidarlos; la expansión de las salas de cine, las mismas que ahora desaparecen, la posibilidad de adquisición de aparatos de radio que en un principio no estaban al alcance de todos y que había hasta que comprar a plazos, el invento de la televisión y que sus receptores poco a poco estuviesen al alcance de todos, la proliferación de discotecas y salas de fiesta, la aparición de los Parques de Atracciones que incluían las viejas atracciones verbeneras: Norias, Coches de choque, Toboganes, etc. modernizados y mejorados trajeron un nuevo mundo de entretenimiento a la gente y entonces ya...

¿qué pintaban las verbenas?

Paulatinamente fueron decayendo y cuando llegó la democracia prácticamente estaban extintas excepto las más importantes: La Paloma, San Isidro, etc...

Es posible que alguna vez hayas escuchado eso de es más chulo que un ocho, esta expresión que quizás alguien podría pensar que tuviera alguna relación con la apariencia que pueda tener el número en cuestión tiene un origen bien distinto, aunque se usa coloquialmente para indicar el carácter chulesco de una persona su origen hay que buscarlo en el tranvía nº 8 que a principios del siglo XX hacía el recorrido entre la Puerta del Sol y San Antonio de la Florida lugar donde se celebraba la feria de Madrid; antiguamente el tranvía número 8 era el que llevaba a los chulapos y las chulapas de Madrid a la verbena de San Isidro; como era habitual, iban con sus mejores trajes típicos (de chulapos) y de ahí esta expresión, se pretende alabar la majeza de una persona o para decir que alguien va muy bien arreglado y con cierto aire de chulería y en su interior todos sus ocupantes viajaban vestidos de chulapos, la chulería que desprendía ese tranvía era tan grande que con el tiempo se fue haciendo popular la expresión citada que ha llegado hasta hoy día.

Hay verbena en la Pradera de San Isidro y fiesta en Las Vistillas


Se comienza la romeria bebiendo agua de la fuente milagrosa, a continuación se compra como cada año el botijo colorao de Alcorcón luego se saborean las consabidas rosquillas del santo tanto las listas como las tontas, las francesas y las de Santa Clara sin olvidar las de la Tía Javiera que se comen después sentados tranquilamente en la Pradera de San Isidro, tras la comida en la pradera se hace una medio siesta y ya por la tarde se continúa la fiesta bailando algún chotis a ritmo de organillo en la popular verbena.

Pero para los chavales la diversión estaba en las atracciones de feria como el Torpedo, los Coches de choque, las Sillas voladoras, las Tómbolas, los Caballitos del Tiovivo, las Barcas, por cierto, algo que hace muchos años he dejado de ver en las verbenas eran unas barcas que se balanceaban como los columpios y cuanto más alto mejor, las empujaba el mismo dueño de la atracción.

Las verbenas se organizaban por vecindarios, barrios o incluso por calles dependiendo de la zona y todo el mundo colaboraba para organizarlas...

Gloria a Dios en las alturas,
recogieron las basuras de mi calle,
ayer a oscuras y hoy sembrada de bombillas,
y colgaron de un cordel, de esquina a esquina,
un cartel y guirnaldas de papel rojas, verdes y amarillas...,

asi que Verbena es una fiesta popular de una localidad o de un barrio de una ciudad asociada a veces a algún Santo Patrón como San Isidro o San Antonio y como no, a la conocida verbena de San Juan en el solsticio de verano; tradicionalmente incluía baile, tenderetes de comidas y bebidas típicas y todo tipo de chucherías, a veces la organización de la verbena preparaba un concurso de bailes típicos de la zona como Chotis o de bailes llamados de salón; la palabra verbena con la que se designa la velada de regocijo popular que se celebra en la víspera de ciertas festividades correspondía al nombre de una planta, la verbena (Verbena officinalis), en algunos lugares de España como por ejemplo en Madrid fue costumbre en el pasado acudir al baile con un ramito de verbenas en la solapa lo que daría lugar a que las fiestas más populares acabaran llamándose asi.

El chotis o schotis es una música y baile con origen en Bohemia, su nombre deriva del término alemán Schottisch (escocés), una danza social centroeuropea a la que en Viena se quiso atribuir origen en un baile escocés.

Diversas variantes del schottisch perviven en la tradición argentina (schotis), austríaca, brasileña (xote), escandinava (schottis), española, finlandesa (sottiisi), francesa (scottish), italiana (chotis), inglesa (scottische), mexicana (chotís), paraguaya, portuguesa (choutiça o chotiça), suiza y uruguaya. El chotis se puso de moda en toda Europa durante el siglo XIX y pronto se extendió al continente americano.

El chotis llegó a Madrid en 1850 y se bailó por primera vez en el Palacio Real la noche del 3 de noviembre de aquel año bajo el nombre de Polca Alemana, a partir de ese momento alcanzó gran popularidad y llegó a ser el baile más castizo del pueblo de Madrid hasta convertirse en un símbolo del Madrid festivo.

En Madrid, al son de un organillo se baila en pareja cara a cara y durante el baile la mujer gira alrededor del hombre que gira sobre su propio eje; se dice que el hombre no necesita más espacio que el de una baldosa para bailarlo, generalmente se baila en las verbenas de Madrid, las mujeres suelen bailarlo ataviadas con un mantón de Manila y los hombres suelen lucir una parpusa (un tipo de boina) en su cabeza.

El hombre sujeta con una mano a la mujer y con la otra mano metida en el bolsillo del chaleco y con los dos pies juntos gira en redondo sobre las punteras de sus zapatos mientras la mujer baila a su alrededor. Cuando la música lo indica, la pareja da tres pasos hacia atrás y tres hacia adelante y se reinician los giros; en un chotis bien bailado, el hombre gira solamente en el espacio de superficie de un ladrillo o baldosa y mirando siempre al frente; se puede aprender a bailar el chotis en las Vistillas junto al Palacio Real y en la Pradera de San Isidro durante las fiestas del santo patrón de Madrid.


La fiesta de San Antonio de la Florida o verbena de San Antonio de la Florida es una festividad popular celebrada anualmente cada 13 de junio en honor a San Antonio en el barrio de la Bombilla. El lugar de congregación de la romería pasa por el paseo de la Florida hacia la ermita de San Antonio de la Florida. Según la tradición popular la fiesta nace con la costumbre de unas modistillas madrileñas del siglo XIX que vertían trece alfileres en agua bendita de la pila bautismal de la ermita simulando el acto de las arras matrimoniales. El objeto de esta tradición popular es la de invocar a San Antonio como casamentero (procurador de novios), muchas de ellas lo hacen por el ritual de los alfileres en el que la tradición dice que tendrán tantos pretendientes como alfileres se queden adheridos a la mano.

De la costumbre de asistir a la misa para la bendición de los panecillos tras la que se reparten entre los asistentes del día 13 los denominados panes del Santo que se suelen guardar durante un año con el objeto de ser bendecidos con bienes materiales, mediante el ahorro; de allí que estos panes denominados también panes de los pobres sean bendecidos. La verbena se llenaba en sus días de diferentes vendedores callejeros: aguateros, buñoleros, barquilleros, reposteros, avellaneros, naranjeros, etc.  


Las Fiestas de San Cayetano o Verbena de San Cayetano es una festividad celebrada en las calles cercanas a la parroquia de Iglesia de San Cayetano de Madrid en honor de San Cayetano de Thiene. Son las primeras fiestas de una trilogía (junto con las fiestas de la Paloma y San Lorenzo) que se celebra en el mes de agosto en el barrio de Lavapiés. San Cayetano es considerado como el protector de las parturientas. Se suele celebrar en la actualidad con concursos de trajes típicos (goyescos, manolos, chisperos). Los días cercanos a la celebración las calles se adornan con guirnaldas de papel y los balcones con mantones de Manila.


Las Fiestas de San Lorenzo son las segundas fiestas de la trilogía (Paloma y San Cayetano) que se celebran en el mes de agosto en el barrio de Lavapiés. Se celebra el 10 de agosto fecha del fallecimiento de San Lorenzo en Roma. Desde finales del siglo XX se viene celebrando la verbena en la Plaza de Lavapiés y prolongándose por el eje de la calle de Argumosa (denominado popularmente como el boulevard de Lavapies), cercana a la parroquia de San Lorenzo. Los vecinos de Lavapiés el día 10 de agosto acudían en procesión para sacar el Santo de la Iglesia de San Lorenzo, esta procesión se llegó a prolongar hasta la plaza de Tirso de Molina a finales de los años setenta.


Las Fiestas de la Paloma o Verbena de la Paloma es una verbena en el barrio de La Latina de Madrid en honor a la virgen de la Paloma. Es costumbre que se celebre el 15 de agosto, cerrando la trilogía de verbenas madrileñas tradicionales del mes de agosto.

La adoración por una imagen de la virgen (inicialmente denominada Virgen de la Soledad por la expresión de su rostro) representada en un cuadro de soporte de madera comienza cuando unas monjas de Santa Juana lo descubren en un corralón en 1787. Isabel Tintero, una vecina del barrio que vivía en la calle de la Paloma, compró a las monjas el cuadro y lo expuso en el portal de su casa durante algún tiempo.

La popularidad de la imagen fue creciendo y atraía a numerosos madrileños. El cambio de la denominación popular de Virgen de la Soledad a Virgen de la Paloma se produjo por ubicarse en la calle de la Paloma (su lugar de veneración inicial). Esta costumbre se fundamenta en la asignación de la Virgen de la Paloma como patrona de los bomberos madrileños.


Las Fiestas de San Isidro son unas fiestas anuales celebradas en Madrid a mediados del mes de mayo, tradicionalmente se suelen instalar en el barrio de San Isidro en Carabanchel, se celebran durante un periodo de varios días en torno al 15 de mayo; estas fiestas patronales en honor a San Isidro Labrador se caracterizan por las romerías, verbenas, atracciones y diversos espectáculos tradicionales y la celebración de esta festividad tiene lugar en la Pradera de San Isidro y en las calles aledañas.

Es una costumbre ya desde el siglo XVI la de merendar en el césped de la pradera y aprovechar el agua de los manantiales cercanos; los múltiples puestos en los alrededores vendían rosquillas (Rosquillas del Santo), entre las más famosas se encontraban, las tontas (sin recubrimiento), las listas (bañadas con un azúcar fondant elaborado con un sirope de azúcar, zumo de limón y huevo batido), las francesas (con un rebozado de granillo de almendra), las de Santa Clara (recubiertas con un merengue seco, originalmente blanco), las populares de la Tía Javiera y las de Fuenlabrada generalmente ensartadas en un hilo de bramante.

En la actualidad las celebraciones se reparten a lo largo de toda la ciudad, las diversas casas regionales ubicadas en Madrid suelen hacer bailes regionales en la Plaza Mayor, semanas gastronómicas, verbenas de barrio, ferias taurinas, actos religiosos, actos deportivos como regatas en el río Manzanares, etc; cada 15 de mayo es costumbre que los madrileños se reúnan para comer en la famosa pradera y beber el agua que sale del caño de la ermita.

El paseo que da a la ermita se llena de puestos con diversos elementos gastronómicos de la cocina madrileña como pueden ser la fritura de las gallinejas y los entresijos, bocadillos, encurtidos diversos (banderillas, aceitunas, berenjena de Almagro). Como si se tratase de un picnic, extienden mantas en el suelo para disfrutar de la tortilla de patata, la empanada, el vino (preferiblemente en bota) o un cocido madrileño gigante, soliéndose acercar a repartir o, o al menos, bendecir el alcalde que corresponda en la legisladura actual. El ambiente de verbena se llena de tiovivos, también es típico bailar un chotis vestido de chulapo y comprar las tradicionales rosquillas tontas y listas en los puestos de la feria.

Y así encontramos la copla que dice…
A San Isidro he ido
y he merendao
más de cuatro quisieran
lo que ha sobrao.
Ha sobrao gigote y empanadillas
Un capón, cuatro huevos
Y tres tortillas

El Gigote era un guisado a base de carne picada generalmente de ternera rehogada en manteca de cerdo a fuego lento.



Pocas cosas había que nos hiciesen más felices a los niños que escuchar de sus padres venga niño que nos vamos a la verbena, las cosas en aquella época eran asi, ir a la feria a montar en aquellas ingenuas y a veces toscas atracciones era una de las mejores aventuras que la vida infantil podía depararnos; en mi juventud ibamos a la verbena a montar en aquellas atracciones y te metías de lleno en un mundo de luces, sonidos, aromas y sabores que nunca se olvidan por muchos años que pasen; las sirenas estrepitosas que anunciaban el final o el principio de los viajes de la atracción, el olor del algodón de azúcar, el sabor de cocos frescos, las chufas y los altramuces sumergidos en agua…, no os pasa ahora mismo que lo recordáis todo? y esos churros ensartados en junquillos?.


De niños, a finales de los 60 y primeros años 70 disfrutábamos las Barracas por la tarde, en aquel tiempo de nuestras vidas era imposible sustraerse a la vigilancia paterna, te dejaban subir a los caballitos, dar muchos paseos por el recinto de la verbena, comprar algún dulce como el típico algodón de azúcar, las manzanas caramelizadas, unos polos de helado, algún gorro de seda o trompetilla festiva, los barquillos y la esporádica tentativa a la suerte en la Tómbola de las barracas.

Las Tómbolas eran unas de las atracciones que no podían faltar en las fiestas de los pueblos, siempre tocaba algo y no había persona que se fuera a casa sin el peluche de regalo, eran muy variados los regalos que se repartian entre los que compraban los boletos; aún resuena en mis oídos el vozarrón del locutor de la tómbola con su micrófono en ristre diciendo qué alegría, qué alboroto, otro perrito piloto o y mira la chochona, qué guapa la chochona; en esos años, la tómbola era una de las atracciones más populares que hasta llegó a acuñar para definir a un mal conductor dichos como a ése le han dado el carné de conducir en la tómbola .

Las tómbolas con su música jaranera y la clásica verborrea atronaban el espacio la que siempre toca, si no un pito una pelota, célebre fue el año de las chochonas y no menos recordados los años que asociaciones femeninas parroquiales, creo que de Acción Católica y posiblemente también estuviera implicada la Sección Femenina de la Falange se embarcaron en la tarea de montar su propia tómbola en beneficio de los pobres con un único tipo de premio: muñecas, muñecas y más muñecas que todas las chicas y mujeres del pueblo se habían previamente encargado de vestir cada una de la mejor manera que pudo y siempre tratando, sin duda, de ser la que mejor lo hiciera.

La gente compraba boletos y esperaba con ansia ver si les había tocado algo, yo creo que aquellos jamones y todos los regalos buenos eran añejos ya, nunca vi a nadie ganar uno de ellos, como máximo, te podías llevar un peluche enorme, eso sí, el recinto de la Tómbola lo dejábamos perdido con los restos de los sobres ya abiertos y de boletos de colores no premiados.


Después, nos acercábamos a ver los escobazos de la bruja en la atracción del Tren de la Bruja uno de los clásicos de las verbenas de mi época, viajabamos en un trenecito por un túnel y cuando menos te lo esperabas aparecía una bruja armada de pequeñas escobas empeñada en sacudirte con ellas a la más mínima oportunidad; lo que más recuerdo de esta atracción es lo asustados que estabamos de aquella bruja que nos intentaba pegar con la escobilla… y que, cuando el tren entraba en la zona oscura del túnel aún nos asustaba más ya que no sabíamos por donde iba a aparecer; con el tiempo ya intentabamos arrancarle las escobas a la bruja para conseguir un viaje gratis; sin ese toque terrorífico también había otras atracciones muy destacables como las del Laberinto de los Espejos.


Los Carruseles o Caballitos o Tiovivos como los conocíamos entonces eran una de las atracciones más representativas de las ferias, uno podía sentarse allí al volante de un coche de bomberos o de una ambulancia incluso de una diligencia sujetando las riendas mientras dabas vueltas tranquilamente y saludabas a tus papis cada vez que el carrusel daba una vuelta completa; las motos tampoco estaban nada mal y los aviones y las naves tenían su aquél, pero los camiones de bomberos con aquellas campanitas y escaleras cromadas… eran lo más! y venga a tocar los botoncitos de los coches, menudo guirigay


Una de las atracciones estrella de las ferias eran los Coches de choque… a ver… quién no se ha dejado casi los piños en uno de aquellos choques frontales con otros coches ya que carecian de frenos? embistiendo en aquellos primeros años de adolescentes los coches de las chicas, ¿cuantas fichas y duros habremos dejado en los autos?, todo un clásico de la feria con sus grandes pistas y su multitud de coches chocando unos contra otros y además dejaban montar a quien quisiera sin importar ni la altura ni la edad; yo montaba con un amigo, uno conducía y el otro pisaba el acelerador; una peculiar sirena avisaba que había finalizado nuestro turno; cómo envidiábamos a aquel hombre que corría por la pista apartando los coches que acababan su viaje y qué rabia daba que se te subiese en el tuyo, y las chispas que soltaban los troles en forma de gancho, en la red del techo?.  

Por supuesto, no nos olvidemos de las Casetas de tiro dónde nos creiamos mayores disparando a palillos, bolas de chicles, etc...


Otras atracciones permitían probar la fuerza física: había una especie de Torpedo explosivo con el que se probaba la fuerza, era una copia de un Zepelin de bronce que explotaba al conseguir llegar arriba, otra era el Martillo de fuerza en la que los más macarrillas solían probar su testosterona o fuerza bruta con la maza de golpear; nos quedan algunas que otras atracciones a cual más entrañables como son las Sillas voladoras, el Gusano loco y la Ola marina, el Látigo, la Noria, las Barquillas, etc...



Otro tipo de atracciones eran las Carreras de caballos y las de Motos.


Era costumbre la de merendar en el césped de la Pradera de San Isidro y llevar el botijo con el agua de la Fuente milagrosa del Santo; en el patio de la ermita los pobres forman fila para beber de la fuente acto que se acompañaba con estas palabras:
San Isidro hermoso
Patrón de Madrid
Que el agua del risco
Hiciste salir

En los múltiples puestos en los alrededores de la Verbena vendían rosquillas, también eran igualmente tradicionales los Torraos y las Garrapiñadas, las Manzanas caramelizadas, los Encurtidos, los Escabeches; igualmente era costumbre comprar botijos (coloraos de Alcorcón o los amarillos de Ocaña) y pitos de cristal con flores (los denominados pitos del Santo).




Las bebidas habituales eran los chicos de Valdepeñas (vasos de vino), la clara con limón y las limonadas.

Cada 15 de mayo es costumbre que los madrileños se reunian para comer en la famosa Pradera y beber el agua que sale del caño de la ermita; el paseo que da a la ermita se llena de puestos con diversos productos de la cocina madrileña como pueden ser la fritura de las gallinejas y los entresijos, bocadillos, encurtidos como banderillas, aceitunas, berenjenas de Almagro y como si se tratase de un picnic se extienden mantas en el suelo para disfrutar de la tortilla de patata, la empanada, el vino (preferiblemente en bota) o un cocido madrileño gigante.
Impensable una feria sin las berenjenas de Almagro y sin los puestos de las siempre riquísimas patatas fritas o de camarones al rico camarón, que se come la cabeza, la colita y to, horchata helaetes, polos, chufas, cocos, alcahuetes y por supuesto, turrón duro o blando en pastillas o en bloques y surtidos de peladillas, orejones y todo tipo de frutas escarchadas, además de inmensas garrotas de caramelo.
Disfrutando de los sabores y olores en las verbenas

En las primitivas tabernas de la Villa por supuesto además de vino se despachaban hasta tres bebidas especiadas que los madrileños saboreaban y consumían con gran alegría.

– La primera de ellas era el hipocrás (también denominado vino hipocrático) se trataba de un estimulante del apetito y tónico medicinal realizado con vino añejo, canela, almizcle y ámbar gris; con el paso del tiempo se fue perfeccionando por lo que pasó a ser un vino cocido con hierbas pudiendo considerarlo un antepasado del actual vermut.

– Otro líquido muy consumido por el pueblo de Madrid con especial ahínco en los meses de verano fue la aloja; era éste muy similar al hidromiel y se preparaba con agua de río, levadura, miel, canela, pimienta, jengibre, clavo, nuez de especia y limón, esta mezcla se cocía y preparaba durante diez horas y a continuación se enfriaba para servirlo a baja temperatura.

– La carraspada, esta combinación no era propia del verano sino todo lo contrario, este vino cocido y adobado se servía caliente para combatir el frío madrileño en los meses más duros.

Se alzaban en el Paseo los característicos puestos de agua con sus enormes jarras de carro y llaves de metal, sus vasos limpios como una patena, sus azucarillos (a los que llamaban panales) blancos como la leche, su batería de botellas llenas de agraz (zumo de uva no madura) y de horchata y su aguador servicial y solícito como él solo con las mangas de la camisa remangadas hasta el codo, al aire los brazos y pregonando su mercancía.

El aire se enrarecía por el humo que salía de los anafes de las buñoleras afanadas en aventar la candela, echar la masa en el perol y sacar los buñuelos con los ganchos.

Los chiquillos apremiaban a sus padres a que los subieran en los caballitos y las calesitas del Tío-Vivo y luego pedían entrar en la barraca en la que tanto los niños como la gente sencilla se pasaban las horas muertas y con la boca abierta asistiendo a la representación de los Cristobitas o Polichinelas.

Y por fin, un paseo por los sabores de la feria como son los martillos de caramelo, manzanas caramelizadas, chupetes de caramelo, algodón de azúcar, altramuces, chufas, coco fresquito… y para los papis aquellas casetas donde preparaban bocadillos y cervecitas, la feria acogía a personas de toda condición y edad… como nota curiosa, yo aún pude ver en las verbenas a los barquilleros y tenías que girar una ruletita que llevaba en la parte superior del artilugio y si ganabas (que siempre ganabas) te daban un barquillo…


Por la letra de la zarzuela Jugar con fuego del maestro Barbieri cuya trama se desarrolla en su mayor parte en la noche madrileña de San Juan sabemos que viandas eran típicas en la verbena:
 
La noche ha llegado
del señor San Juan:
galanes y damas,
la villa dejad
Aquí Manzanares
con manso raudal
os brinda en su orilla
placer y solaz.
¡Los ricos buñuelos...
calientes están!
¡Al agua de nieve
con dulce panal!
¡Aloja y barquillos!
¡Licores! ¡Agraz!
¡Rosquillas! ¡Anises!

¡Al buen mazapán!

La Aloja fué la antecesora del agua de cebada, de la horchata o de los refrescos, fué una bebida para tomar muy fria preparada con vino miel o azúcar y especies como la nuez moscada, canela o clavo.

Ingredientes
Vino blanco (mitad del total)
Vino tinto (mitad del total)
Canela, clavos y jengibre (en proporción 5:3:1)
Azúcar en proporción de 6 onzas por cada azumbre, o sea, 180 gramos por cada 2 litros o 90 gramos por litro.

Elaboración
Mezclarlo todo en un caldero vidriado.
Calentar solo hasta que comience a hervir
Colarlo por una manga hasta que salga claro.

El Agraz es zumo de uva aún no madura que se debe exprimir antes de la canícula y luego solearlo dentro de un recipiente de cobre rojo tapado con un lienzo hasta que se espese todo mezclando a cada momento con el líquido lo que se vaya cuajando alrededor, por la noche hay que apartarlo del sereno ya que el rocío impide su condensación, elige el amarillento y frágil acerbo y mordaz a la lengua, algunos condensan el zumo cociéndolo.


Los olores y sabores también los encontrabamos en las Casetas de comida de los pollos asados y salchichas con tortillas españolas, el olor y humo de las churrerías, las máquinas de algodón de azúcar, la tradicional barraca en la que aparecían dos baturros pisando uvas, menudo vino más fuerte aquel y había otros espectáculos que se situaban en el recinto ferial pero algo más apartados del resto como los Circos y los Teatros de Varietés; entre los primeros recuerdo el Circo Price, el de los Hermanos Tonetti, el Circo Atlas, el Circo Mundial y entre los Teatros de Feria de Varietés estaban el Lido o el teatro portátil de Manolita Cheng con espectáculos picantes de Varietés no aptos para niños, durante varios años el Teatro Chino de Manolita Chen fue un clásico en las ferias y fiestas de muchos pueblos y ciudades españolas, este tipo de teatros llamado Teatro chino de Manolita Chen o el cabaret de los pobres fue un entretenimiento barato que sobrevivió al paso a la modernidad hasta el final de la década de los 80, Manolita Chen fue la figura más reconocida de ese mundo de sobreentendidos, descampados y sal gorda...

Al frente del mismo, como también muchos recordarán, estaba Manolita Chen, o sea, Manuela Fernández Pérez fallecida en enero de 2017, a los 89 años de edad, en la residencia de Espartinas (Sevilla) en la que vivía, una vedette metida a empresaria que tomó su exótico apellido de su marido, Chen Tse-Ping, un súbdito chino especializado en el lanzamiento de cuchillos con el que se casó con solo 17 años.

Después de tres años trabajando juntos en el Teatro Circo Price, en 1950 fundaron el Circo Chino Chekiang (luego Teatro-Circo Chino y, finalmente, Teatro Chino de Manolita Chen), un original y exótico teatro ambulante que combinaba circo, revista musical y espectáculo de variedades y que hasta 1986, fecha en la que desapareció, recorrió cada rincón del país, como en un interminable viaje a ninguna parte, llevando un espectáculo algo surrealista al que no le faltaba casi de nada. De hecho, como quizá algunos recuerden, en los carteles que anunciaban su llegada a la localidad correspondiente rezaba: Teatro Chino. Compañía de galas orientales. 50 artistas internacionales. 15 atracciones, circo y variedades. 20 bellísimas bailarinas. A todo lo cual solía añadirse la promesa de ofrecer: Piernas, mujeres y cómicos para todos ustedes, simpático público.

Eran los años 60 cuando en su cometido de Supervedette animaba a la numerosa clientela con atrevidos cuplés burlando a la censura, aunque de vez en cuando les cayera algún multazo; los títulos de sus estrenos no dejaban duda alguna del contenido de sus letras: Arrímame la estufita, ¡Qué justito me entra…!… y cosas por el estilo, pero llegó el... día ya en tiempos de la Transición que Manolita Chen fue la primera en montar un número lésbico para rizar el rizo del erotismo en la frontera con el porno porque había que calentar a la parroquia que ya en los años 70 no llenaba tanto su negocio ya que empezaba a proliferar el cine del destape y le hacían mucha competencia.
El Teatro Chino de Manolita Chen dio muchas oportunidades a jóvenes artistas que andando el tiempo serían grandes figuras, casos de Pajares y Esteso y también Marifé de Triana, Antonio Molina y El Fary y así se recogió al entrevistarlos que la vida era dura bajo la carpa, que eran muchas funciones las que hacían pero que tenían la comida asegurada e iban aprendiendo su oficio incluso hasta el famoso Bigote Arrocet.


  
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