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Los juegos

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No había televisión, ni dinero para juguetes súper caros o complicados como hoy, como mucho, los clásicos juegos de mesa: los naipes, parchís, oca, damas, ajedrez, lotería o las famosas cajas de Juegos Reunidos Geyper para los más afortunados, y pocas cosas más: para las chicas, cuatro cacharrillos y muñecas peponas de cartón; para los chicos, algún camioncete de madera, aunque disfrutábamos más con el que nos fabricábamos con una caja de zapatos y tirando de un cordelillo.

Gozábamos con cosas sencillas, como echar un pulso entre dos, dar trompiquetas o subirnos en cancabolillos y a cuestas, imaginándonos en un torneo a caballo, con espadas rudimentarias de madera y arcos de caña con flechas.

También nos bastaba encontrar un montón de arena de una obra, para pasar allí toda la tarde haciendo canales para que navegasen nuestros barcos de papel, reteniendo el agua con presas, etc...

 

En la época de los setenta la calle era el lugar de encuentro donde transcurrían los mejores momentos para jugar, sin consolas ni Internet, los juegos tradicionales de aquel entonces transcurrían siempre fuera de casa, aunque había juegos de mesa, la imaginación y los pocos recursos con los que generalmente se contaba, eran de lo más peculiares.

Según la historia, en España, muchos de ellos se conocieron gracias al camino de Santiago, los peregrinos dieron a conocer juegos franceses, italianos y centro-europeos, de orígenes lejanos y transmitidos de generación en generación muchos de ellos hoy en día se han  ido olvidando.

A ver, algunos de los que jugábamos en los 50 y 60, os acordáis de alguno?

¿Cuantos juegos de calle recuerdas?

El tragabolas, el Monopoly, la Oca… todos esos juegos de mesa estaban muy bien, pero donde realmente disfrutábamos jugando era en la calle con nuestros amigos y además, muchos de estos juegos también divertían a nuestros padres, incluso a los padres de nuestros padres, y posiblemente diviertan a los hijos de nuestros hijos, vamos a repasar algunos.

En nuestra infancia en los años 60 y 70 existían una serie de juegos que en la actualidad están extinguidos o en fase de extinción, la mayoría de niños que nos educamos en los años 50, 60 y 70 nos socializábamos con otros niños jugando a lo que podíamos llamar jugar en la calle sin miedo a que nos atropellara un coche, a que nos rondara un pederasta o a pincharnos con una jeringuilla, era una época en la que estar en la calle con tus amigos era tu forma de vida y lo peor que podía pasarte, es que te castigaran sin ese privilegio por alguna travesura sin importancia; muchas de esas horas se pasaban volando con juegos como el trompo, los cromos de fútbol, las canicas, el yoyó, o con los muñecos de plástico amarrado a modo de paracaidista.

Con sus escopetas de madera, los niños libran la gran batalla, había héroes y villanos y hasta hermosas princesas, eran las calles el dominio de los guerreros montando en imaginarios caballos, persiguiendo y castigando a los malos, y premiando a los buenos, con un capitán al mando y unos prisioneros encarcelados, juegos de niños, ensayando batallas de mañana, jugaban sus juegos, inventados por ellos, hoy juegan lo que otros han imaginado, ya no corren, ya no sudan, se hacen niños tristes, inseguros solitarios, la necesidad aviva la imaginación, lo mucho la atrofia.

Pero había otras veces en las que no había nada a mano para jugar y era entonces cuando echábamos mano de un arsenal de juegos, la mayoría bastante absurdos, en los que para jugar no hacía falta nada de nada, excepto imaginación y ganas de quemar azúcar, porque allá, a finales de los cincuenta los juegos eran más sencillos, lo importante era tener amigos (hoy no parece tan obvio), los chavales jugaban al aire libre, en locales cerrados o en casa, los juegos al aire libre, o sea, la calle, eran juegos que se practicaban sobre todo corriendo: el pañuelo, el rescate, el dola o el lique, al futbito, etc... o también se jugaban con utensilios tan baratos como útiles: el tacón (de zapatos), las canicas, las chapas.


Los que se jugaban en nuestras casas, eran los clásicos familiares (imposible olvidar los Juegos Reunidos Geyper que creo que todavía existen, en ellos había un porrón de juegos de mesa, desde el parchís, la oca, las tres en raya, las cartas, los dados, etc...


Y los que se jugaban en locales cerrados o billares, a tal efecto eran fundamentalmente: el futbolín, el billar, el ping-pong, estos dos últimos para los más mayores, tampoco olvidarnos de las pinball o flippers.

Como era típico en aquellas fechas, los niños y las niñas jugabamos en la calle cada uno por nuestro lado, ya que si se te ocurría juntarte con las niñas enseguida te decían que eras mariquita; las niñas jugaban a la comba, también a un juego en el que  pintaban unos cuadrados en el suelo e iban empujando con el lateral del pie una piedra plana, (se llamaba la rayuela, la china o el tocaté), también se jugaba al pañuelo al que se acompañaba de una canción como esta:


Así se lo pone el moro,

así los bandoleros,

así las gaditanas,

la niña que yo más quiero,


y bailaban enmedio de una rueda colocándose el pañuelo según decía la canción; también jugaban al diábolo y al yo-yo.


A continuación algunos de los artilugios de los años 70 que empleábamos para jugar en casa o en la calle...

Juego de las canicas y las chapas

Juego del futbito, el pídola y el escondite

Juego de carros con rodamientos, el hinque, la rayuela y el tacón

Como ejemplo tenemos los carros de cojinetes o de rodamientos, o carrillo de bolas, fué el primer medio de transporte que tuvimos algunos afortunados en los 80; no eran de alta tecnología, no eran bonitos, no eran silenciosos, no eran fiables, pero eran peligrosos y con eso bastaba.

Recuerden que el carro de cojinetes pertenecía a una época donde era común caerte y romperte algún hueso y eso no suponía un drama familiar. Ya fuera con algún arma infantil o jugando a algún inocente juego, lo normal era llegar a casa herido y además que te dieran una paliza por ello.

Juego callejeros

Como ejemplo ponemos el tirachinas, también se conocía como tirabalas, era una especie de artilugio que servía para tirar piedras, consistía en una trozo de rama en forma de Y a la que se sujetaban dos gomas en los extremos, al final de los extremos de estas gomas se le sujetaba un trozo de badana que era donde se introducia la piedra para luego, tras estirar las gomas, lanzar la piedra; podría lanzarse contra una botella para dar al blanco, a un pájaro o hasta para romper un cristal o darle a a alguien en la cabeza.

Más juegos callejeros

Los niños solíamos jugar al fútbol en plena calle con una pelota de trapo, también jugábamos al trompo o peonza, también al puazo (se trataba de partir el otro trompo con la púa del tuyo) o a la cagandeta (se trataba de que el trompo estuviese girando el mayor tiempo posible).


¿Alguien imagina a un niño hoy jugando a las chapas o al tacón? es difícil, los tiempos han cambiado; nosotros nos pasábamos el tiempo en la calle, jugando y jugando con otro montón de niños, al un dos tres escondite inglés, al rescate (por todos mis compañeros por mí el primero), a las canicas a las llamábamos las bolas, a jugarnos los cromos (con trozos de mármol o con tacones de zapatos) y por supuesto al fútbol, al la llevas y acordemonos de las chapas; les ponías una foto de un jugador o ciclista, luego pulías un cristal comiéndole trocitos con un clavo hasta que encajaba en la chapa y lo sellabas con jabón Lagarto.


Ya no se ven rayuelas o tejo en los parques (esas cuadrículas de tiza en las que tirabas una piedra y la recorrías a la pata coja, nadie juega a churro-media manga-mangotera (un juego en el que hacías una cadena de gente con la cabeza entre las piernas del anterior y los del equipo contrario saltaban encima y el primer agachado tenía que adivinar si es que conseguían mantener el equilibrio con todos los demás encima, el premio consistía en intercambia los papeles y pasar de saltado a saltador.

Jugar al pídola o dola, con sus tabacas que al saltar sobre el contrario, se le golpeaba en el culo con la parte interior del pie, liques paliques y demás que se golpeaba con el talón en el culo y eran los más dolorosos, creo que era el juego más difundido en los colegios.

Con las canicas había muchos juegos, las bolas pobres eran las de arcilla, había unas más caras de china o piedra, las de cristal de colores internos y en según qué juegos, los más afortunados conseguían rodamientos de acero para machacar literalmente a los otros jugadores.

Las veces que hemos jugado cerca del apeadero de la Estación de Delicias a los dardos con las espigas (había campos enteros de ellas), también había muchas lagartijas y gorriones las cuales atrapábamos y luego a jugar con ellas aunque algunas no lograban sobrevivir ya que eran delicadas sobre todo cuando perdían la cola.


Diferentes juegos de la época

 
Para empezar a jugar, había diferentes métodos para echar suerte y ver quien elegía primero, el método que se llamaba echar pies, consistía en colocarse dos chicos o chicas a una distancia determinada, desde allí, cada uno iba colocando un pie delante de otro por turno, cuando los pies de ambos se juntaban, el último que conseguía ponerlo antes de que se acabase el espacio era el que empezaba a elegir para formar equipo.

 
Podía ocurrir que no cupiera el pie por completo, pero sí atravesado, lo que se manifestaba con la expresión monta y cabe, y si esto tampoco era posible se procedía de nuevo a echar pies.

 
En otro, uno del grupo cogía una china del suelo, la ocultaba en la espalda en una de las manos y después presentaba las dos, cerradas, para que otro eligiera, si la elegida era la de la china, se perdía.
 
China, china, capuchina, esta mano tiene la china.

El Aro consistía en hacer rodar por el suelo un aro ayudándose de una vara de metal llamada guía, la cual en uno de sus extremos tiene forma de arco con la que sujeta dicho aro; teniamos unos recorridos para hacer carreras y ver quién rodaba más deprisa el aro y también quién era capaz de hacerlo rodar durante más tiempo sin que se cayese.

Los Bonis, eran alfileres con las cabezas de colores clavados en acericos de papel de periódico, cada uno ponia el mismo número de alfileres sobre el suelo y con el dedo lanzabamos un alfiler sobre los demás, y si quedaba cruzado sobre otros, entonces los ganabas; también se hacía montón de arena y se enterraban los alfileres; se lanzaba una piedra sobre el montón de arena y los alfileres que salian a la superficie pasaban a ser de quien ha lanzado la piedra.


A los Cromos jugábamos haciendo un montoncito con ellos, con la mano hueca les dabas un golpe, y los que caían hacia arriba eran los que te tocaban, cuando nadie te veía intentabas chuparte la mano, así al darle el golpe se quedaban pegados y se volvían más! Que bonitos eran!


El Churro-Mediamanga-Mangantera era un juego de niños, un poco bestia, los de abajo lo pasaban mal, pero no se quejaban, claro, había que aguantar el máximo de tiempo posible sin caerse, formabamos dos equipos con varios jugadores cada uno; uno de los jugadores de uno de los equipos tiene que apoyar su espalda en una pared que es el que hace de madre y el resto de sus compañeros se colocaban en fila y en posición de burro, es decir, una persona detrás de otra formando una fila, agarrándose fuertemente las piernas y con la cabeza entre las piernas de la persona que está delante; los chavales del otro equipo debian ir saltando uno detrás del otro sobre sus espaldas, procurando no caerse e ir dejando sitio a sus compañeros para que cupiesen todos; cuando todo el equipo ha saltado, y si los que están abajo han resistido el peso y no se han derrumbado, uno de los que han saltado pregunta: ¿Churro,media manga, o mangantera? haciendo una de las tres las posiciones a adivinar, Si se pone churro, se sujeta la muñeca con la mano contraria, con media manga, la mano contraria agarra el codo, y con mangantera, la mano contraria se pone sobre el hombro; si aciertan, entonces se cambian las tornas y este equipo será el que salte la próxima vez; si no, lo volverá a hacer el equipo que estaba arriba.

Las Canicas o el Gua, se compraban en el los quioscos y podian ser de barro cocido llamadas boleones y meñiques, de china o mármol, una de china valía por cinco boleones o por diez meñiques.de, de cristales de colores y de acero; para jugar, se necesitaba hacer un agujero en la tierra llamado gua; reunidos varios chicos, echaban suertes y todos tiraban la bola desde el gua (pequeño hoyo en el suelo) situandose en la posición inicial de juego, el primero, en cuclillas o de rodillas, con el dedo meñique de la mano izquierda puesto en el sitio donde estaba su bola, el dedo gordo de esa misma mano apoyado en la muñeca de la mano derecha, y en esta mano la bola, entre la uña del dedo índice y la yema del pulgar, esto hacía que la canica saliera disparada para impactar en la bola de otro de los jugadores, los que iban a jugar trataban de colar sus canicas en el gua; el chaval que conseguia introducir la canica es el que comenzaba el juego, si no se lograba, empezaba el que se hubiera aproximado más al gua; entonces, se median dos palmos y medio desde el gua, debia volver a introducir la suya propia en el gua, en el caso de que fallase, uno de los contrarios lanzaría su canica tratando de golpearla, y si tuviera éxito debería también introducir la suya propia en el gua.

Era lo que se llamaba primera, otro segundo impacto pie, teniendo que quedar las bolas separadas a más distancia que la medida de un pie, luego se tiraba por tercera vez, y si atinaba se le llamaba tute, para luego dirigirla al gua para que cayera dentro, y si se conseguía, se ganaba la bola del contrario.

Tras pronunciar la palabra tute, si no se añadía de inmediato na por na, el rival podía adelantarse con por la boquilla y conseguir con ello colocar su bola junto al gua para dificultar la jugada, o incluso, agregar ... y con paja, que suponía aún más estorbo al colocar la bola junto al borde del gua apoyada levemente en una pajilla.

Era normal también en esta jugada del tute, como en el billar, impactar al rival de refilón, para así alejar su bola y en cambio acercar la nuestra al gua, lo evitaba si decía to pa su diri, que obligaba a disparar la bola de lleno, y no era esto de recibo si la distancia entre las bolas no superaba un palmo, y tras replicar con en alcanzando no hay diri, facultaba para tirar como uno quisiera.
 
Si se marraba en cualquiera de los disparos, entraba en juego el segundo clasificado, y así sucesivamente.

Con las Chapas de las botellas en las que poniamos la cara de un futbolista o un ciclista pegadas a la parte interior de la chapa con jabón alrededor de la imagen, de esta manera podiamos jugar a partidos de fútbol, carreras ciclistas  o carreras en general, para lo que necesitabamos trazar un circuito sobre la arena o marcarlo en el suelo con tiza; lo importante es que no faltasen las curvas, los estrechamientos, los saltos y las trepidantes rectas; los que iban a jugar situaban sus chapas en la línea de salida y se golpeaba la chapa con el dedo índice por turnos, si la chapa la echabas fuera del circuito suponia el volver al último punto donde estabas antes de tirar y asi hasta que uno de los que jugaban conseguia llegar el primero a la meta; cada jugador tenía su ciclista preferido (Manzaneque, Bahamontes, Loroño, Coppi...) y la colocaba en la salida, y por turnos y dando capirotazos iba avanzando hacia la meta.

El partido de fútbol consistía en dibujar en el suelo con tiza o con un yesón un campo de fútbol en miniatura, cada participante escogía un equipo y se lo fabricaba con chapas de cerveza o de refrescos, pegando la cara de sus jugadores que se sujetaba por el reverso con la capsula de corcho transparente que entonces disponían, luego se pintaban con los colores de nuestro equipo preferido, el balón era un garbanzo, y se jugaba por medio de capirotazos en las chapas.

 
Para jugar al Clavo, o el Hinque, la Lima o el Roba terrenos necesitabamos un buen clavo largo, una lima vieja o cualquier objeto de hierro con la punta afilada para que se pueda clavar en una tierra blanda y arcillosa sin dificultad, el juego consistía en clavarlo en una serie de círculos consecutivos y al final tras una raya, la sopa, algo más alejada, y siempre en un viaje de ida y vuelta, cada uno se ponia en el principio y comenzabamos a lanzar el clavo por turnos; cada vez que se clavaba, trazabamos una línea recta que pasaba por la marca que deja el clavo, esta parte del terreno pasa a ser propiedad del tirador; con cada fallo se cambia el turno; el juego se acababa cuando los jugadores no tienen espacio para permanecer en su campo; en ocasiones, se pactaba que el clavo sólo podia ser lanzado por la punta.

Si se completaba el circuito sin marrar el recorrido, se tachaba el primero de los círculos, y así sucesivamente, en las rondas siguientes aumentaba la dificultad al tener que salvar la distancia de los redondeles tachados.

La Comba, la Cuerda, la Soga, el Saltador, consiste en hacer un arco con la cuerda y saltarlo al ritmo de las canciones, que en la mayoría de los casos se repiten una y otra vez y que por lo general son más breves que en otros juegos; la cuerda es el elemento fundamental que acompaña al juego, debe ser de una longitud y una consistencia que la hagan manejable para moverla, y será sostenida por una niña o niño en cada uno de sus extremos, aunque en ocasiones también puede ser una niña o niño solo, haciendo uso de un saltador, que es una cuerda más corta con una empuñadura de madera o de plástico.

El Corro de la patata o la Rueda en el que los chavales se cogen de la mano formando un círculo, bailan con las manos entrelazadas y dejándose llevar al compás de las canciones y acompañan la letra con sus movimientos.

La Cuna o los Nudos o las Cunitas utilizando una cuerda atada en los extremos y cogida entre las manos, los dedos se van entrelazando con ella y forman la primera figura básica, el siguiente jugadoror coge la cuerda en determinados puntos, pasando ésta a sus manos, y creando en esta ocasión otra figura distinta, y así sucesivamente; la precisión a la hora de coger la cuerda es importante, porque si no se hace de modo correcto la cuerda se liará y ya será imposible seguir el juego, por lo que el jugador que ha fallado, perderá. la figuras que se creaban recibían cada una un nombre: bigotes de gato, la cama, las tijeras, etc.

El Diábolo eran dos conos unidos por la parte más estrecha, que se bailaba sobre una cuerda unida en sus dos extremos a dos varillas de madera; el diábolo es impulsado por la fuerza que se ejerce sobre las dos varillas, antes de lanzarlo, deberá deslizarse varias veces por la cuerda para que adquiera fuerza y velocidad; a continuación se lanza enérgicamente hacia arriba y, cuando vaya descendiendo, habrá que recogerlo de nuevo dentro del cordel.

El Escondite empezaba sorteando quién se la liga y al que le toca, se tapa los ojos y empieza a contar cara a la pared hasta un diez, mientras se cuenta, los demás se esconden para no ser vistos y cuando termina de contar, comienza la búsqueda a la voz de: Ronda, ronda, el que no se haya escondido que se esconda o si no que responda y cada vez que ve a una o uno, va a su sitio y dice el nombre de la persona que ha visto y el lugar donde se encuentra escondida; mientras, el resto intentan llegar al sitio de la persona que se la liga para salvarse, diciendo: ¡por mí! ; el juego termina cuando todos los jugadores se han salvado o han sido encontrados; el primero que ha sido visto, es quien la liga la próxima vez.

En vez de contar, también se podía cantar una canción:
Una, dole, tele, catole, quile, quilete, / estaba sentada la reina en su gabinete; / vino Gil y apagó el candil, / candil, candilón, cuéntalos bien que veinte son.

Para el Escondite inglés el que la ligaba, se ponía en una pared de espaldas al resto de los jugadores que se colocaban en linea situandose a cierta distancia en la línea de salida; la persona que la liga, comienza a decir: Una, dos y tres, al escondite inglés, sin mover las manos y los pies; los demás aprovechan para acercarse lo más posible a la pared, parándose en el momento en que termina su retahíla y gira la cabeza; si al hacerlo ve a alguno en movimiento le manda de nuevo a la línea de salida y asi hasta que se consigue llegar hasta la pared.

La Gallinita Ciega dónde un jugador hace de gallinita ciega, para ello se le tapan los ojos con un pañuelo, de manera que no pueda ver nada, el resto de chavales hacen un corro en torno a él y comienzan el siguiente diálogo:

Gallinita ciega ¿qué se te ha perdido? (dicen los del corro)
Una aguja y un dedal (contesta la gallininita ciega)
Pues da tres vueltas y los encontrarás (dicen los del corro)
Una, dos y tres
Y la del revés.

La gallinita da tres vueltas sobre sí misma y, con los brazos extendidos, intenta coger a alguien del corro, el resto intentará que se despiste agachándose, tocándola, apartándose... cuando consigue dar con alguien, debe adivinar, solamente por el tacto, de quién se trata y si acierta, coloca la venda a la persona que ha cogido, pasando a ser ésta la nueva gallinita ciega; si no, repite de nuevo.

El Látigo dónde los chavales se ponen en fila y se sujetan fuertemente de las manos; quien inicia el juego suele ser la persona con más fuerza, y quien ocupa la última plaza, por lo general, es la menos corpulenta; una vez colocadas, correrán todos sujetos de las manos y que cuando decidia, comenzaba a girar en circulos o haciendo eses, y en un momento inesperado, el primero tirará con fuerza de la del compañero, este del siguiente, y así sucesivamente hasta que llegue el tirón al último participante, como si de una corriente eléctrica se tratase; el último deberá agarrarse a quien le precede con mayor fuerza que los demás, porque recibirá toda la fuerza que se ha concentrado a lo largo de la fila; es lo que se conoce como látigo; a veces, el impulso es tan grande que, aun sujetándose con las dos manos del brazo de su compañero, se acaba por caer al suelo.

Los últimos de la fila tenían que intentar no salir disparados, que solía ser lo habitual, pero de lo más divertido.

El Pañuelo se jugaba con dos equipos situados a una determinada distancia y un chico que se ofrecía o se elegía por sorteo para sujetar el pañuelo en la mitad de la pista, se hace una raya en cuyo extremo se coloca el niño que está sujetando el pañuelo y que es el juez.

Los participantes estaban numerados, y cuando el del pañuelo gritaba un número, salían corriendo a cogerlo los indicados, uno de cada equipo, el que primero llegaba, cogía el pañuelo e intentaba volver a su línea de salida sin que su rival pudiera alcanzarle, si lo conseguía, era el otro el eliminado; por el contrario, si era alcanzado, incluso apenas rozado, era él el que tenía que abandonar el juego, cuando llegan hasta el pañuelo, es fundamental la rapidez y el amago de coger el pañuelo por ser un juego de competición.

 
Las más de las veces llegaban los dos al mismo tiempo junto al pañuelo, y lo que se ofrecía entonces era practicar un juego de engaños y fintas para distraer al contrincante y, en un descuido, salir con el pañuelo corriendo.

Pase Misí, aqui se eligen dos participantes que formarán un arco con los brazos por el que pasará el resto de chavales; cada uno de estos dos chavales elige el nombre de un color, una ciudad, un río, etc... (Por ejemplo, rojo y azul); a continuación, se cogen de las manos y las levantan simulando un puente; el resto se agarra por la cintura, formando una fila, y van pasando por debajo del puente mientras cantan la siguiente canción:
Pase misí, pase misá, por la Puerta de Alcalá, los de adelante corren mucho, los de atrás se quedarán; a la voz de se quedarán, bajan sus brazos capturando a uno de la fila a quien le preguntan qué color prefiere, según la respuesta se sitúa detrás del jugadoror a quien pertenece dicho color; cuando ya han sido capturados todos los participantes, se traza una raya en el suelo, en medio de los dos equipos, y cada uno de ellos debe tirar hacia atrás intentando que el equipo contrario traspase la línea; el equipo que logra hacer que pase la línea el contrario, será el vencedor.

La Peonza o Trompo era de madera con forma de pera y un rejo o clavo de hierro en la punta, se enrollaban cuidadosamente con una cuerda especial, que se chupaba en la punta para peinarla, empezando por la parte del rejo, luego se tiraban hábilmente hacia suelo con un golpe seco, quedándonos con la otra punta de la cuerda en la mano, operación que se favorecía si colocábamos en este extremo una chapa de cerveza o de refrescos perforada y aplastada o mejor una moneda de la que tenían agujeritos (las de cincuenta céntimos o las de real inmediatas al final de la guerra), al desenrollarse, el trompo se ponía a dar vueltas y bailar, a veces, en trompos de mala calidad, con el rejo no perfectamente colocado en el eje de rotación, este baile se producía de manera irregular, con cabeceos, y se decía que el trompo escarabajeaba, entonces, se juega a ver quién la hace bailar por más tiempo, quién puede hacer las figuras más atrevidas, cómo pasarse la peonza de mano a mano sin que pare de girar, etc;

Uno de los muchos juegos que se practicaban con el trompo consistía en marcar un redondel en el suelo de unos dos metros de diámetro, para que cada jugador fuera tirando sobre el centro, al mismo tiempo que daba el rejo en el suelo, se tiraba de la cuerda para llevarlo fuera del círculo, si se conseguía no pasaba nada, pero si no, allí quedaba, y luego era el blanco de los demás jugadores para tratar de hacerle una buena mella o incluso abrirlo en dos partes de un buen rejazo, si con el golpe, salía el trompo fuera del redondel, se salvaba..

Otra variante de este juego era colocar monedas en el centro del círculo, después de echar a suertes para ver quien jugaba el primero, se tiraba el trompo al suelo y, poniendo el dedo índice por un lado y el dedo corazón por el otro, por la ranura de los dos dedos se conseguía subir el trompo a la palma de la mano, e inmediatamente, poniéndose cerca de las monedas, se tiraba el trompo con la maña suficiente para empujar con el rejo las monedas fuera del redondel.

Otro, era el partetrompos en los que haciamos un círculo en la tierra y sorteabamos quién era el primer desgraciao en poner su trompo en el centro, aunque se solia decir Eh, no valen trompos amolados o sea, afilados, lo siguiente que se oía era el sonido de los trompos afilados silbando por el aire en dirección al trompo del centro del círculo, el que no lo tocara tenía que poner su trompo en el centro y el que le diera y lo partiera, cosa que sucedía muy pocas veces, nunca más tenía que poner un trompo en ningún círculo.

Pídola, Dola o Correcalles dónde los niños forman una fila india dejando un espacio entre cada participante, doblan el tronco con los codos apoyados en las rodillas y con las manos protegiéndose la cabeza; la última persona de la fila salta tomando carrerilla desde una raya marcada en el suelo, poniendo las manos en la espalda del burro y pasando la pierna derecha por la parte de la cabeza, y la izquierda por el culo, si todos lo conseguían, se aumentaba la distancia, y cuando esta era considerable se daban uno, dos o más pasos antes del brinco, si alguno pisaba la raya o no era capaz, relevaba al burro.

En el momento de realizar el salto, se da una palmada al participante que está agachado mientras se grita: Pídola; otra variante era el lique, doloroso porque al saltar sobre un chaval, te quedabas encima de él y le dabas un golpe con el talón de Aquiles en el culo, joer, como dolía.

También, al tiempo de saltar se cantaba lo siguiente y se castigaba al burro de diversas maneras, las letrillas más conocidas eran éstas:
 
A la una la vera mula / A las dos la coz (con taconazo en el culo del burro) / A las tres los tres pasitos de San Andrés: Pedro, Juan y Andrés / A las cuatro un buen salto...
Allá, arribita, arribita / había una montañita / en la montañita, un árbol / en el árbol una rama...

El Rescate era el juego estrella en mi cole, sobre todo en invierno, muchas veces terminábamos en el suelo con las rodillas destrozadas (yo tuve un derrame sinobial en una rodilla y tenia que ir al colegio como podia y comer yo solo en la clase hasta que por la tarde comenzasen de nuevo), pero a nosotros nos daba igual, esa emoción de ir corriendo a esconderte, esa adrenalina que subía cuándo veías que iban a por ti, ese sprint final para salvar a tus compañeros, esa alegría auténtica e intensa cuando lo conseguías... ¡¡Por mí, por mis compañeros y por mí el primero...!!;  el Rescatao era otra variante en la que el jugador que la liga tendrá que perseguir a los demás del grupo; cuando coje a alguien, lo llevará a su casa (una farola, un árbol...); después, seguirá persiguiendo al resto, pero con cuidado de que nadie se acerque a la casa y pueda tocar la mano de quien ya estaba cogido, porque si así lo hiciera, diría: ¡salvado! y volvería a poder ser perseguido de nuevo; cuando había más de uno capturados, se dan la mano para así formar una cadena y poder tener mayor libertad de movimientos y propiciar el rescate; el juego se acababa cuando el perseguidor ha conseguido coger a todos y llevarlos a su casa.

Otra variante era jugar a Policías y Ladrones que en este caso, uno de los equipos representaba a los policías y el otro a los ladrones; se jugaba de la misma manera que el rescate, a una señal convenida, los ladrones salen de su casa para ser de inmediato perseguidos por los guardias, pero pueden volver a ella, donde son inviolables, según vayan siendo atrapados, son conducidos a la cárcel, aunque de ella pueden ser rescatados si logran ser tocados por alguno de sus compañeros.

Las Tabas fue uno de los juegos más populares y tradicionales dónde se utilizaban tabas o huesos de la rodilla de las pata traseras de los carneros y su mejor modalidad era aquella en la que se utilizan cinco tabas, que podían ir pintadas de vivos colores; cada lado de la taba recibe un nombre: güito, correa, culo y chicha; se requería el empleo de una canica de cristal  llamada la pita,  que solía ser una de las bolas que cerraban las botellas de gaseosa.

El juego consistía en lanzar al mismo tiempo la pita a lo alto y dejar caer las tabas, recogiendo la pita al vuelo antes de que cayese al suelo, en sucesivos lanzamientos de la pita, se intentaba mover las tabas de forma que quedara visible el lado que se pretendía, estas operaciones se repetían por cada uno de los cuatro mencionados lados de la taba, si al efectuar cualquiera de los movimientos descritos la pita caía al suelo, se perdía y comenzaba otro el juego.

La Rayuela, el Truque, el Tejo, se dibujaba en el suelo con tiza o yeso una serie de rectángulos coronados por un semicírculo; el número de casillas cambiaba según los chavales; podíamos encontrar desde 6 a 11 o más casillas; se numeraban los distintos rectángulos a los que también se les podían dar distintos nombres; el jugador arroja su tejo o piedra plana a la primera casilla, que se salta a pata coja, realiza el recorrido sin pisar el dibujo, y al final, empuja el tejo fuera del rectángulo, para luego pisarlo; lo mismo  se hacía con las otras casillas hasta llegar a la última; a algunas casillas le poniamos el nombre de descanso, así como en la casilla final, que puede llamarse cielo, gloria o paraíso, el jugadoror puede asentar los dos pies, en otras casillas no se puede hablar y algunas veces deben saltarse, es decir, que ni el tejo ni el jugador pueden tocar esas casillas; otras casillas están divididas en dos partes por una línea diagonal o vertical y deberá saltar sobre ellas con las piernas abiertas; es decir, poniendo un pie en cada parte; el jugador pierde cuando posa los dos pies en las casillas donde no está permitido, cuando pisa las líneas del dibujo, cuando el tejo sale del dibujo, o cuando el tejo quede sobre una línea, pasando el turno al siguiente participante.

 
El Tirachinas o las Pedreas consistía, como es bien sabido, en una horquilla de madera o de alambre fuerte que servía de mango y agarre a dos gomas unidas por una badana, en esta badana se colocaban piedras, preferentemente redondas (guijarros), y, tensadas las gomas, se disparaban, alcanzando distancia y contundencia.

 
Se apostaba a la mejor puntería, lo que era muy deportivo; pero también se lanzaban piedras a los pájaros, a los faroles o unos contra otros, las famosas pedreas entre pandillas rivales, de las que pocos hay de nuestra generación que no conserven una señal en la cabeza por causa de una descalabradura.
 

La calle era el sitio ideal para estas pedreas, ya que en ella nos aprovisionábamos la munición, lo habitual era lanzar las piedras a mano, y las mejores eran las llamadas volanderas, planas y redondeadas, que lanzadas adecuadamente al estilo pastor, planeaban y alcanzaban gran distancia.

Los Güitos eran huesos de albaricoque (albarillos) que con paciencia, salivilla y roza que te roza sobre una piedra o cemento, se perforaban en un canto para hacer el más sonoro silbato, o en los laterales para hacer entre varios, atados con un cordelillo, una especie de zumbaera que con movimientos giratorios servía para sacar de un redondel otros güitos, chapas o monedas.

Los Chinos, aún se sigue jugando a los chinos para decidir, por ejemplo, quién paga la ronda en un bar y los chicos, era entonces, para jugarnos las bolas o los cromos, cada jugador puede sacar en el puño cerrado entre cero o tres garbanzos, fichas, chinas o las mismas monedas, por turno, cada jugador, apuesta por la cantidad de lo encerrado en los puños, y una vez abiertos, se hace la suma y gana el que acierta.

En el Balón prisionero, se hacían dos rectángulos grandes uno para cada equipo y se dividía por la mitad, cada equipo se coloca en su campo, el juego consistía en eliminar un equipo a otro, lanzando una pelota contra un jugador del equipo contrario, sin pisar las líneas, tratando de darle, los jugadores se movían sin parar para no ser tocados con el balón, si te arreaban  pasabas al final del campo contrario y quedabas detrás de la línea del mismo que se llamaba cementerio, cuando volvías a coger la pelota después de muerto seguías lanzando al equipo contrario, si tocabas a un contrario, volvías a tu campo con tu equipo.

Era muy divertido porque te tenías que mover mucho para no ser tocado por el balón por los dos frentes que se hacían.

Veo, veo... es un juego dónde uno los participantes piensa un objeto que se encuentra a la vista del grupo y dice:
Veo, veo
¿Qué ves? (le contesta el resto)
Una cosita
¿Con qué letrita? (le responden)
Empieza por la letra... y termina por...

Los demás dicen, por turno, un objeto que empiece por esa letra hasta que alguien acierta de qué se trata, pasando a ser quien vuelve a comenzar el juego; en ocasiones, cuando resultaba imposible descubrir el objeto, se podían dar pistas: tamaño, textura, etc.


Otro de los juegos con los que nos entreteniamos eran los petardos considerados en esa época aptos y seguros… aunque supongo que, al final, no lo debían ser tanto, puesto que la mayoría fueron prohibidos más tarde, por ocasionar quemaduras, por su toxicidad o por ser peligrosos en general; los más inofensivos donde los hubiera, eran las bombetas, que nos iniciaba en el apasionante mundo de la pirotecnia verbenera, ya sabéis, ésos paquetitos envueltos en papel de seda, con la parte superior enrollada, inofensivos, inofensivos, lo eran, pero los de entonces llevaban dentro unas piedras que, cuando la bombeta explotaba, salían disparadas con bastante mala leche; lo más chulo era destripar una de éstas bombetas, para ver qué narices llevaban dentro que las hiciera explotar… lo único que encontrábamos era un montón de serrín y algunas piedrecitas… todo un misterio, pero cuando las lanzabas contra el suelo, explotaban, que era lo interesante.


Las reinas de las quemaduras a traición eran sin duda las que nosotros llamábamos rasquetas (también llamadas mistos Garibaldi o fósforos); unas tiras muy largas de cartulina con unos pegotitos de fósforo que, al rascarlo contra una superficie rugosa como la pared, se inflamaban y producían una serie de estallidos y chispas, hasta que se consumían completamente, cobrando la apariencia de la cabeza de un fósforo calcinado, a veces, mientras las rascabas, ardían de pronto, y muchas veces te dejaban la uña negra; muchos de nosotros, ahuecabamos las manos y sin parar de moverlas dejabamos que los fósforos se consumieran entre crepitaciones dentro de ellas, sin hacer siquiera una pequeña mueca; al parecer, más de un niño se ha intoxicado por chuparlos porque si lo mojabas con la saliva y te lo restregabas por la cara, relucian como los fuegos fatuos; habían otros llamados pedernales: eran una especie de piedras redondas, bañadas en fósforo, que producían chispas si las lanzabas contra el suelo o las paredes.

Otros de los petarditos estrella eran las piulas, unos petardos muy finitos y largos, de color verde, que se siguen fabricando, y los clásicos chinos, con su papel estampado de estrellitas; vienen montados en una pequeña traca, y forrados con papel de colores, si la deshacías, tenías un montón de petardos individuales de estallido medio, muy útiles para meterlos en botellas, latas, o grietas de las paredes y ver qué pasaba; y por último, los borrachos, con su errática trayectoria a ras de suelo, hacían que todo el mundo huyese levantando las piernas cómicamente, nunca se sabía dónde irían a parar.


En casa con lo que nos entreteniamos si no podiamos salir a la calle eran los juegos de azar y manualidades además de los juguetes que comprabamos en los quioscos y que nos hacian sentir inmersos en el viejo Oeste, vivir en cuentos de hadas, etc... a continuación os muestro varios de los juguetes que pienso que os harán recordar de nuevo los momentos vividos en vuestra niñez.


Proyector de cine

Recortables chicos y chicas


Esas eran actividades propias de los periodos vacacionales de Verano, Navidad y Semana Santa dónde aprovechabamos el mayor tiempo posible en nuestras travesuras.

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