Los juegos - Viaje en el tiempo

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Los juegos

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En nuestra infancia en los años 60 y 70 existían una serie de juegos que en la actualidad están extinguidos o en fase de extinción, la mayoría de niños que nos educamos en los años 70 nos socializábamos con otros niños jugando a lo que podíamos llamar jugar en la calle sin miedo a que nos atropellara un coche, a que nos rondara un pederasta o a pincharnos con una jeringuilla, era una época en la que estar en la calle con tus amigos era tu forma de vida y lo peor que podía pasarte, es que te castigaran sin ese privilegio por alguna travesura sin importancia; muchas de esas horas se pasaban volando con juegos como el trompo, los cromos de fútbol, las canicas, el yoyó, o con los muñecos de plástico amarrado a modo de paracaidista.

Con sus escopetas de madera, los niños libran la gran batalla, había héroes y villanos y hasta hermosas princesas, eran las calles el dominio de los guerreros montando en imaginarios caballos, persiguiendo y castigando a los malos, y premiando a los buenos, con un capitán al mando y unos prisioneros encarcelados, juegos de niños, ensayando batallas de mañana, jugaban sus juegos, inventados por ellos, hoy juegan lo que otros han imaginado, ya no corren, ya no sudan, se hacen niños tristes, inseguros solitarios, la necesidad aviva la imaginación, lo mucho la atrofia.

Pero había otras veces en las que no había nada a mano para jugar y era entonces cuando echábamos mano de un arsenal de juegos, la mayoría bastante absurdos, en los que para jugar no hacía falta nada de nada, excepto imaginación y ganas de quemar azúcar, porque allá, a finales de los cincuenta los juegos eran más sencillos, lo importante era tener amigos (hoy no parece tan obvio), los chavales jugaban al aire libre, en locales cerrados o en casa, los juegos al aire libre, o sea, la calle, eran juegos que se practicaban sobre todo corriendo: el pañuelo, el rescate, el dola o el lique, al futbito, etc... o también se jugaban con utensilios tan baratos como útiles: el tacón (de zapatos), las canicas, las chapas.


Los que se jugaban en nuestras casas, eran los clásicos familiares (imposible olvidar los Juegos Reunidos Geyper que creo que todavía existen, en ellos había un porrón de juegos de mesa, desde el parchís, la oca, las tres en raya, las cartas, los dados, etc...


Y los que se jugaban en locales cerrados o billares, a tal efecto eran fundamentalmente: el futbolín, el billar, el ping-pong, estos dos últimos para los más mayores, tampoco olvidarnos de las pinball o flippers.

Como era típico en aquellas fechas, los niños y las niñas jugabamos en la calle cada uno por nuestro lado, ya que si se te ocurría juntarte con las niñas enseguida te decían que eras mariquita; las niñas jugaban a la comba, también a un juego en el que  pintaban unos cuadrados en el suelo e iban empujando con el lateral del pie una piedra plana, (se llamaba la rayuela, la china o el tocaté), también se jugaba al pañuelo al que se acompañaba de una canción como esta:


Así se lo pone el moro,

así los bandoleros,

así las gaditanas,

la niña que yo más quiero,


y bailaban enmedio de una rueda colocándose el pañuelo según decía la canción; también jugaban al diábolo y al yo-yo.


A continuación algunos de los artilugios de los años 70 que empleábamos para jugar en casa o en la calle...

Juego de las canicas y las chapas

Juego del futbito, el pídola y el escondite

Juego de carros con rodamientos, el hinque, la rayuela y el tacón

Como ejemplo tenemos los carros de cojinetes o de rodamientos, o carrillo de bolas, fué el primer medio de transporte que tuvimos algunos afortunados en los 80; no eran de alta tecnología, no eran bonitos, no eran silenciosos, no eran fiables, pero eran peligrosos y con eso bastaba.

Recuerden que el carro de cojinetes pertenecía a una época donde era común caerte y romperte algún hueso y eso no suponía un drama familiar. Ya fuera con algún arma infantil o jugando a algún inocente juego, lo normal era llegar a casa herido y además que te dieran una paliza por ello.

Juego callejeros

Como ejemplo ponemos el tirachinas, también se conocía como tirabalas, era una especie de artilugio que servía para tirar piedras, consistía en una trozo de rama en forma de Y a la que se sujetaban dos gomas en los extremos, al final de los extremos de estas gomas se le sujetaba un trozo de badana que era donde se introducia la piedra para luego, tras estirar las gomas, lanzar la piedra; podría lanzarse contra una botella para dar al blanco, a un pájaro o hasta para romper un cristal o darle a a alguien en la cabeza.

Más juegos callejeros

Los niños solíamos jugar al fútbol en plena calle con una pelota de trapo, también jugábamos al trompo o peonza, también al puazo (se trataba de partir el otro trompo con la púa del tuyo) o a la cagandeta (se trataba de que el trompo estuviese girando el mayor tiempo posible).


¿Alguien imagina a un niño hoy jugando a las chapas o al tacón? es difícil, los tiempos han cambiado; nosotros nos pasábamos el tiempo en la calle, jugando y jugando con otro montón de niños, al un dos tres escondite inglés, al rescate (por todos mis compañeros por mí el primero), a las canicas a las llamábamos las bolas, a jugarnos los cromos (con trozos de mármol o con tacones de zapatos) y por supuesto al fútbol, al la llevas y acordemonos de las chapas; les ponías una foto de un jugador o ciclista, luego pulías un cristal comiéndole trocitos con un clavo hasta que encajaba en la chapa y lo sellabas con jabón Lagarto.


Ya no se ven rayuelas o tejo en los parques (esas cuadrículas de tiza en las que tirabas una piedra y la recorrías a la pata coja, nadie juega a churro-media manga-mangotera (un juego en el que hacías una cadena de gente con la cabeza entre las piernas del anterior y los del equipo contrario saltaban encima y el primer agachado tenía que adivinar si es que conseguían mantener el equilibrio con todos los demás encima, el premio consistía en intercambia los papeles y pasar de saltado a saltador.

Jugar al pídola o dola, con sus tabacas que al saltar sobre el contrario, se le golpeaba en el culo con la parte interior del pie, liques paliques y demás que se golpeaba con el talón en el culo y eran los más dolorosos, creo que era el juego más difundido en los colegios.

Con las canicas había muchos juegos, las bolas pobres eran las de arcilla, había unas más caras de china o piedra, las de cristal de colores internos y en según qué juegos, los más afortunados conseguían rodamientos de acero para machacar literalmente a los otros jugadores.

Las veces que hemos jugado cerca del apeadero de la Estación de Delicias a los dardos con las espigas (había campos enteros de ellas), también había muchas lagartijas y gorriones las cuales atrapábamos y luego a jugar con ellas aunque algunas no lograban sobrevivir ya que eran delicadas sobre todo cuando perdían la cola.


Diferentes juegos de la época

El Aro consistía en hacer rodar por el suelo un aro ayudándose de una vara de metal llamada guía, la cual en uno de sus extremos tiene forma de arco con la que sujeta dicho aro; teniamos unos recorridos para hacer carreras y ver quién rodaba más deprisa el aro y también quién era capaz de hacerlo rodar durante más tiempo sin que se cayese.

Los Bonis, eran alfileres con las cabezas de colores clavados en acericos de papel de periódico, cada uno ponia el mismo número de alfileres sobre el suelo y con el dedo lanzabamos un alfiler sobre los demás, y si quedaba cruzado sobre otros, entonces los ganabas; también se hacía montón de arena y se enterraban los alfileres; se lanzaba una piedra sobre el montón de arena y los alfileres que salian a la superficie pasaban a ser de quien ha lanzado la piedra.


El Burro o Churro-Mediamanga-Mangantera formabamos dos equipos con varios jugadores cada uno; uno de los jugadores de uno de los equipos tiene que apoyar su espalda en una pared que es el que hace de madre y el resto de sus compañeros se colocaban en fila y en posición de burro, es decir, una persona detrás de otra formando una fila, agarrándose fuertemente las piernas y con la cabeza entre las piernas de la persona que está delante; los chavales del otro equipo debian ir saltando uno detrás del otro sobre esta fila, procurando no caerse e ir dejando sitio a sus compañeros para que cupiesen todos; cuando todo el equipo ha saltado, y si los que están abajo han resistido el peso y no se han derrumbado, uno de los que han saltado pregunta: ¿Churro,media manga, o mangantera? haciendo una de las tres las posiciones a adivinar, Si se pone churro, se sujeta la muñeca con la mano contraria, con media manga, la mano contraria agarra el codo, y con mangantera, la mano contraria se pone sobre el hombro; si aciertan, entonces se cambian las tornas y este equipo será el que salte la próxima vez; si no, lo volverá a hacer el equipo que estaba arriba.

Las Canicas, se compraban en el los quioscos y podian ser de barro cocido, de mármol, de cristales de colores y de acero; para jugar, se necesitaba hacer un agujero en la tierra llamado gua; tras marcar la línea de tirada a una distancia prudencial del gua, los que iban a jugar trataban de colar sus canicas en el gua; el chaval que conseguia introducir la canica es el que comenzaba el juego, si no se lograba, empezaba el que se hubiera aproximado más al gua; entonces, se median dos palmos y medio desde el gua, la canica se sitúa entre el dedo índice y el pulgar, y tras apuntar a la canica del contrario, se lanzaba, si golpease a la otra canica, debia volver a introducir la suya propia en el gua, en el caso de que fallase, uno de los contrarios lanzaría su canica tratando de golpearla, y si tuviera éxito debería también introducir la suya propia en el gua.

Con las Chapas de las botellas en las que poniamos la cara de un futbolista o un ciclista pegadas a la parte interior de la chapa con jabón alrededor de la imagen, de esta manera podiamos jugar a partidos de fútbol, carreras ciclistas  o carreras en general, para lo que necesitabamos trazar un circuito sobre la arena o marcarlo en el suelo con tiza; lo importante es que no faltasen las curvas, los estrechamientos, los saltos y las trepidantes rectas; los que iban a jugar situaban sus chapas en la línea de salida y se golpeaba la chapa con el dedo índice por turnos, si la chapa la echabas fuera del circuito suponia el volver al último punto donde estabas antes de tirar y asi hasta que uno de los que jugaban conseguia llegar el primero a la meta; también se dibujaba con tiza en el suelo un campo de fútbol y colocabamos las chapas como si de un partido real se tratase, y a tirar hacia la porteria contraria pero con un garbanzo como balón.

Para jugar al Clavo, la Lima o el Roba terrenos necesitabamos un clavo grande, una lima o cualquier objeto de hierro con la punta algo afilada para que se pueda clavar en la tierra sin dificultad, cada uno se ponia en el principio y comenzabamos a lanzar el clavo por turnos; cada vez que se clavaba, trazabamos una línea recta que pasaba por la marca que deja el clavo, esta parte del terreno pasa a ser propiedad del tirador; con cada fallo se cambia el turno; el juego se acababa cuando los jugadores no tienen espacio para permanecer en su campo; en ocasiones, se pactaba que el clavo sólo podia ser lanzado por la punta.

La Comba, la Cuerda, la Soga, el Saltador, consiste en hacer un arco con la cuerda y saltarlo al ritmo de las canciones, que en la mayoría de los casos se repiten una y otra vez y que por lo general son más breves que en otros juegos; la cuerda es el elemento fundamental que acompaña al juego, debe ser de una longitud y una consistencia que la hagan manejable para moverla, y será sostenida por una niña o niño en cada uno de sus extremos, aunque en ocasiones también puede ser una niña o niño solo, haciendo uso de un saltador, que es una cuerda más corta con una empuñadura de madera o de plástico.

El Corro de la patata o la Rueda en el que los chavales se cogen de la mano formando un círculo, bailan con las manos entrelazadas y dejándose llevar al compás de las canciones y acompañan la letra con sus movimientos.

La Cuna o los Nudos o las Cunitas utilizando una cuerda atada en los extremos y cogida entre las manos, los dedos se van entrelazando con ella y forman la primera figura básica, el siguiente jugadoror coge la cuerda en determinados puntos, pasando ésta a sus manos, y creando en esta ocasión otra figura distinta, y así sucesivamente; la precisión a la hora de coger la cuerda es importante, porque si no se hace de modo correcto la cuerda se liará y ya será imposible seguir el juego, por lo que el jugador que ha fallado, perderá. la figuras que se creaban recibían cada una un nombre: bigotes de gato, la cama, las tijeras, etc.

El Diábolo eran dos conos unidos por la parte más estrecha, que se bailaba sobre una cuerda unida en sus dos extremos a dos varillas de madera; el diábolo es impulsado por la fuerza que se ejerce sobre las dos varillas, antes de lanzarlo, deberá deslizarse varias veces por la cuerda para que adquiera fuerza y velocidad; a continuación se lanza enérgicamente hacia arriba y, cuando vaya descendiendo, habrá que recogerlo de nuevo dentro del cordel.

El Escondite empezaba sorteando quién se la liga y al que le toca, se tapa los ojos y empieza a contar hasta un diez, mientras se cuenta, los demás se esconden para no ser vistos y cuando termina de contar, comienza la búsqueda a la voz de: Ronda, ronda, el que no se haya escondido que se esconda o si no que responda y cada vez que ve a una o uno, va a su sitio y dice el nombre de la persona que ha visto y el lugar donde se encuentra escondida; mientras, el resto intentan llegar al sitio de la persona que se la liga para salvarse, diciendo: ¡por mí! ; el juego termina cuando todos los jugadores se han salvado o han sido encontrados; el primero que ha sido visto, es quien la liga la próxima vez.

Para el Escondite inglés el que la ligaba, se ponía en una pared de espaldas al resto de los jugadores, mientras el resto se sitúa a cierta distancia en la línea de salida; la persona que la liga, comienza a decir: Una, dos y tres, al escondite inglés, sin mover las manos ni los pies; los demás aprovechan para acercarse lo más posible a la pared, parándose en el momento en que termina su retahíla y gira la cabeza; si al hacerlo ve a alguno en movimiento le manda de nuevo a la línea de salida y asi hasta que se consigue llegar hasta la pared.

La Gallinita Ciega dónde un jugador hace de gallinita ciega, para ello se le tapan los ojos con un pañuelo, de manera que no pueda ver nada, el resto de chavales hacen un corro en torno a él y comienzan el siguiente diálogo:

Gallinita ciega ¿qué se te ha perdido? (dicen los del corro)
Una aguja y un dedal (contesta la gallininita ciega)
Pues da tres vueltas y los encontrarás (dicen los del corro)
Una, dos y tres
Y la del revés.

La gallinita da tres vueltas sobre sí misma y, con los brazos extendidos, intenta coger a alguien del corro, el resto intentará que se despiste agachándose, tocándola, apartándose... cuando consigue dar con alguien, debe adivinar, solamente por el tacto, de quién se trata y si acierta, coloca la venda a la persona que ha cogido, pasando a ser ésta la nueva gallinita ciega; si no, repite de nuevo.

El Látigo dónde los chavales se ponen en fila y se sujetan fuertemente de las manos; quien inicia el juego suele ser la persona con más fuerza, y quien ocupa la última plaza, por lo general, es la menos corpulenta; una vez colocadas, correrán todos sujetos de las manos y, en un momento inesperado, el primero tirará con fuerza de la del compañero, este del siguiente, y así sucesivamente hasta que llegue el tirón al último participante, como si de una corriente eléctrica se tratase; el último deberá agarrarse a quien le precede con mayor fuerza que los demás, porque recibirá toda la fuerza que se ha concentrado a lo largo de la fila; es lo que se conoce como látigo; a veces, el impulso es tan grande que, aun sujetándose con las dos manos del brazo de su compañero, se acaba por caer al suelo.

El Pañuelo dónde se hace una raya en cuyo extremo se coloca el niño que está sujetando el pañuelo y que es el juez, a cada chaval de ambos equipos se le adjudica un número (desde el 1 hasta el número de personas que intervengan); a continuación, el juez dice un número y han de salir corriendo los dos participantes correspondientes a cada equipo; cuando llegan hasta el pañuelo, el más rápido debe cogerlo y salir corriendo hasta su terreno, evitando ser alcanzado por el participante rival, quien va corriendo detrás; si lo logra, el otro queda eliminado, si no, debe abandonar el juego; es fundamental la rapidez y el amago de coger el pañuelo por ser un juego de competición.

Pase Misí, aqui se eligen dos participantes que formarán un arco con los brazos por el que pasará el resto de chavales; cada uno de estos dos chavales elige el nombre de un color, una ciudad, un río, etc... (Por ejemplo, rojo y azul); a continuación, se cogen de las manos y las levantan simulando un puente; el resto se agarra por la cintura, formando una fila, y van pasando por debajo del puente mientras cantan la siguiente canción:
Pase misí, pase misá, por la Puerta de Alcalá, los de adelante corren mucho, los de atrás se quedarán; a la voz de se quedarán, bajan sus brazos capturando a uno de la fila a quien le preguntan qué color prefiere, según la respuesta se sitúa detrás del jugadoror a quien pertenece dicho color; cuando ya han sido capturados todos los participantes, se traza una raya en el suelo, en medio de los dos equipos, y cada uno de ellos debe tirar hacia atrás intentando que el equipo contrario traspase la línea; el equipo que logra hacer que pase la línea el contrario, será el vencedor.

La Peonza o Trompo es importante saber hacerla bailar, para lo cual hay que anudar fuertemente el cordel a la peonza, y lanzarla al suelo con un golpe seco, entonces, se juega a ver quién la hace bailar por más tiempo, quién puede hacer las figuras más atrevidas, cómo pasarse la peonza de mano a mano sin que pare de girar, etc; otra modalidad consiste en trazar un círculo en el suelo donde todos los jugadores hacen bailar la peonza tratando de sacar a las demás peonzas del recinto golpeando las de los contrarios.

Uno de juegos consistia en hacer un círculo en la tierra y poner dentro chapas, canicas o, para los más ludópatas, monedas de a duro, luego había que sacar del círculo los objetos a base de tirar la peonza contra lo que habia dentro del circulo para sacalos de ahi.

Otro, era el partetrompos en los que haciamos un círculo en la tierra y sorteabamos quién era el primer desgraciao en poner su trompo en el centro, aunque se solia decir Eh, no valen trompos amolados o sea, afilados, lo siguiente que se oía era el sonido de los trompos afilados silbando por el aire en dirección al trompo del centro del círculo, el que no lo tocara tenía que poner su trompo en el centro y el que le diera y lo partiera, cosa que sucedía muy pocas veces, nunca más tenía que poner un trompo en ningún círculo.

Pídola, Dola o Correcalles dónde los niños forman una fila india dejando un espacio entre cada participante, doblan el tronco con los codos apoyados en las rodillas y con las manos protegiéndose la cabeza; la última persona de la fila salta, con las piernas abiertas y ayudándose con las manos, por encima de sus compañeros hasta que salta sobre el primero de la fila, entonces, adopta la misma posición que el resto y la última persona comienza a saltar a la vez que sus compañeros, así, hasta que todo el mundo haya saltado; a veces, en el momento de realizar el salto, se da una palmada al participante que está agachado mientras se grita: Pídola; otra variante era el lique, doloroso porque al saltar sobre un chaval, te quedabas encima de él y le dabas un golpe con el talón de Aquiles en el culo, joer, como dolía.

El Rescate era el juego estrella en mi cole, sobre todo en invierno, muchas veces terminábamos en el suelo con las rodillas destrozadas (yo tuve un derrame sinobial en una rodilla y tenia que ir al colegio como podia y comer yo solo en la clase hasta que por la tarde comenzasen de nuevo), pero a nosotros nos daba igual, esa emoción de ir corriendo a esconderte, esa adrenalina que subía cuándo veías que iban a por ti, ese sprint final para salvar a tus compañeros, esa alegría auténtica e intensa cuando lo conseguías... ¡¡Por mí, por mis compañeros y por mí el primero...!!;  el Rescatao era otra variante en la que el jugador que la liga tendrá que perseguir a los demás del grupo; cuando coje a alguien, lo llevará a su casa (una farola, un árbol...); después, seguirá persiguiendo al resto, pero con cuidado de que nadie se acerque a la casa y pueda tocar la mano de quien ya estaba cogido, porque si así lo hiciera, diría: ¡salvado! y volvería a poder ser perseguido de nuevo; cuando había más de uno capturados, se dan la mano para así formar una cadena y poder tener mayor libertad de movimientos y propiciar el rescate; el juego se acababa cuando el perseguidor ha conseguido coger a todos y llevarlos a su casa.

Otra variante era jugar a Policías y Ladrones que en este caso, uno de los equipos representaba a los policías y el otro a los ladrones; se jugaba de la misma manera que el rescate, pero con la diferencia de que todo el equipo de policías persigue al de los ladrones.

Las Tabas dónde se utilizaban tabas o huesos de la rodilla de los carneros y su mejor modalidad era aquella en la que se utilizan cinco tabas, que podían ir pintadas de vivos colores; cada lado de la taba recibe un nombre: hoyos, panza o tripa, liso y carnero; con este orden se irán sucediendo las rondas y el proceso será siempre el mismo; cuatro de las tabas se arrojan al aire y se dejan caer al suelo, la quinta se irá lanzando hacia arriba y dejando caer, mientras la taba está en el aire el jugador irá colocando las que están en el suelo en la cara de tripas, luego en hoyos, etc. y así hasta conseguir pasar por todas las caras en todas las tabas; ganaba el que lo consiguiese con menos lanzamientos; otra modalidad consistía en lanzar una taba mientras se iba cogiendo el resto de una en una, de dos en dos, de tres en tres y, finalmente, todas de una vez.

La Rayuela, el Truque, el Tejo, se dibujaba en el suelo con tiza o yeso una serie de rectángulos coronados por un semicírculo; el número de casillas cambiaba según los chavales; podíamos encontrar desde 6 a 11 o más casillas; se numeraban los distintos rectángulos a los que también se les podían dar distintos nombres; el jugador arroja su tejo o piedra plana al primer compartimiento, que se salta a pata coja, realiza el recorrido sin pisar el dibujo, y al final, empuja el tejo fuera del rectángulo, para luego pisarlo; lo mismo  se hacía con las otras casillas hasta llegar a la última; a algunas casillas le poniamos el nombre de descanso, así como en la casilla final, que puede llamarse cielo, gloria o paraíso, el jugadoror puede asentar los dos pies, en otras casillas no se puede hablar y algunas veces deben saltarse, es decir, que ni el tejo ni el jugador pueden tocar esas casillas; otras casillas están divididas en dos partes por una línea diagonal o vertical y deberá saltar sobre ellas con las piernas abiertas; es decir, poniendo un pie en cada parte; el jugador pierde cuando posa los dos pies en las casillas donde no está permitido, cuando pisa las líneas del dibujo, cuando el tejo sale del dibujo, o cuando el tejo quede sobre una línea, pasando el turno al siguiente participante.

Veo, veo... es un juego dónde uno los participantes piensa un objeto que se encuentra a la vista del grupo y dice:
Veo, veo
¿Qué ves? (le contesta el resto)
Una cosita
¿Con qué letrita? (le responden)
Empieza por la letra... y termina por...

Los demás dicen, por turno, un objeto que empiece por esa letra hasta que alguien acierta de qué se trata, pasando a ser quien vuelve a comenzar el juego; en ocasiones, cuando resultaba imposible descubrir el objeto, se podían dar pistas: tamaño, textura, etc.


Otro de los juegos con los que nos entreteniamos eran los petardos considerados en esa época aptos y seguros… aunque supongo que, al final, no lo debían ser tanto, puesto que la mayoría fueron prohibidos más tarde, por ocasionar quemaduras, por su toxicidad o por ser peligrosos en general; los más inofensivos donde los hubiera, eran las bombetas, que nos iniciaba en el apasionante mundo de la pirotecnia verbenera, ya sabéis, ésos paquetitos envueltos en papel de seda, con la parte superior enrollada, inofensivos, inofensivos, lo eran, pero los de entonces llevaban dentro unas piedras que, cuando la bombeta explotaba, salían disparadas con bastante mala leche; lo más chulo era destripar una de éstas bombetas, para ver qué narices llevaban dentro que las hiciera explotar… lo único que encontrábamos era un montón de serrín y algunas piedrecitas… todo un misterio, pero cuando las lanzabas contra el suelo, explotaban, que era lo interesante.


Las reinas de las quemaduras a traición eran sin duda las que nosotros llamábamos rasquetas (también llamadas mistos Garibaldi o fósforos); unas tiras muy largas de cartulina con unos pegotitos de fósforo que, al rascarlo contra una superficie rugosa como la pared, se inflamaban y producían una serie de estallidos y chispas, hasta que se consumían completamente, cobrando la apariencia de la cabeza de un fósforo calcinado, a veces, mientras las rascabas, ardían de pronto, y muchas veces te dejaban la uña negra; muchos de nosotros, ahuecabamos las manos y sin parar de moverlas dejabamos que los fósforos se consumieran entre crepitaciones dentro de ellas, sin hacer siquiera una pequeña mueca; al parecer, más de un niño se ha intoxicado por chuparlos porque si lo mojabas con la saliva y te lo restregabas por la cara, relucian como los fuegos fatuos; habían otros llamados pedernales: eran una especie de piedras redondas, bañadas en fósforo, que producían chispas si las lanzabas contra el suelo o las paredes.

Otros de los petarditos estrella eran las piulas, unos petardos muy finitos y largos, de color verde, que se siguen fabricando, y los clásicos chinos, con su papel estampado de estrellitas; vienen montados en una pequeña traca, y forrados con papel de colores, si la deshacías, tenías un montón de petardos individuales de estallido medio, muy útiles para meterlos en botellas, latas, o grietas de las paredes y ver qué pasaba; y por último, los borrachos, con su errática trayectoria a ras de suelo, hacían que todo el mundo huyese levantando las piernas cómicamente, nunca se sabía dónde irían a parar.


En casa con lo que nos entreteniamos si no podiamos salir a la calle eran los juegos de azar y manualidades además de los juguetes que comprabamos en los quioscos y que nos hacian sentir inmersos en el viejo Oeste, vivir en cuentos de hadas, etc... a continuación os muestro varios de los juguetes que pienso que os harán recordar de nuevo los momentos vividos en vuestra niñez.


Proyector de cine

Recortables chicos y chicas


Esas eran actividades propias de los periodos vacacionales de Verano, Navidad y Semana Santa dónde aprovechabamos el mayor tiempo posible en nuestras travesuras.

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