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Los quioscos

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¿Cuál es el recuerdo más antiguo de mi infancia?

Los quioscos o piperos nos surtían de chucherías y demás menudencias a la chiquillería de entonces, tenían casi de todo, pero en esos tiempos en los que no había muchos juguetes ni distracciones infantiles, los niños comíamos el fruto del majuelo para extraer el hueso y poder lanzarlo con canutos de caña a modo de cerbatana, también nos surtian de figuras de plástico llenas de anises, pan de higo, chufas, castañas pilongas, pipas en cucuruchos (a perra gorda el cucurucho), relojes de plástico, etc...


En mi barrio subsistian varios quioscos o puestos de pipas, uno era el del señor Isidro; desde muy temprano y sin faltar ningun día, le veíamos quitar una a una las maderas de aquel quiosco verde botella que, como un particular bazar mágico, estaba ubicado unos metros más abajo del portal de mi casa; casi no cabía en él, pero allí se acomodaba desde las 9 de la mañana y pasaba muchas horas durante el día vendiendo su especialísima mercancía (la alcantarilla estaba en la parte inferior del puesto, se supone que ahi mismo hacia sus necesidades diarias).

El quiosco era el punto de reunión y encuentro con los amigos de la niñez; entrañables aquellas tardes después de salir del cole en el quiosco, los niños comprábamos de todo: chicles Bazoka, chicles Gallina blanca, chicles Azcoyen, había mucha variedad en golosinas pero cada uno tenía sus propias preferencias.

Otra de las compras eran los juguetes, pequeños artilugios que nos hacían pasar buenos momentos con amigos y amigas: el Trompo, los Paracaidistas, los Sobres Sorpresa, los indios y vaqueros de plástico (los había de colores, pero éstos eran más caros), los yo-yos, las barajas de cartas, los cromos de las colecciones de los famosos álbumes Maga, etc...

También estaban las revistas, aunque éstas iban dirigidas a nuestros padres o hermanos mayores: el Teleprograma, Tele Radio, Lecturas, Fotogramas, los cancioneros y muchas más.

Pero quizá uno de los reyes del quiosco fue el tebeo, decenas de títulos colgaban desde una cuerda a lo alto del mostrador y sujetos con pinzas de tender la ropa: Tío Vivo, Pulgarcito, Sissi, Pumby, TBO, Can Can, y los temáticos como El Capitán Trueno y Hazañas Bélicas; había novelas del oeste que compraban los mayores y también novelas de amor: Corín Tellado, las fotonovelas y otras varias; una vez leídas se podían cambiar por otras, y a un precio reducido, en los establecimientos adecuados.


Golosinas, juguetes y revistas diversos

Juguetes de venta en quioscos


Periódicos y Revistas de todas las tendencias

Evidentemente por motivos políticos sobradamente conocidos, la prensa durante la época del Franquismo dónde los vencedores aprendieron de la guerra que los medios debían cumplir una función social de servicio público, se convierten en dueños de diarios, emisoras de radio y cadenas de televisión públicas, el negocio informativo crece y las empresas de información aumentan su poder, sin embargo, mientras que en los Estados democráticos se asienta definitivamente la libertad de expresión, esto no representa la situación de la España del franquismo, donde se mantuvo la ley de prensa de 1938, pensada para el control férreo de las publicaciones durante la Guerra Civil, y sus características más importantes son la censura previa y las llamadas consignas a través de las cuales el Ministerio de Información y Turismo podía ordenar la inserción de artículos, incluso de editoriales, con una determinada tendencia o contenido.
 
 


Revistas del corazón

Durante las décadas de los 60 y 70 el formato de prensa denominado revista o magazín estaba dedicado básicamente al público femenino, diríamos que durante dichas décadas los periódicos eran más bien cosa de hombres y las revistas lectura femenina, a la mayoría de las féminas de esta época no les interesaba la política o, mejor dicho, la política no estaba interesada en ellas!!!.

Veamos pues, algunas de esas revistas dirigidas básicamente al público femenino....

Las denominaciones periodismo del corazón, prensa rosa o crónica rosa se basan en el periodismo dedicado a informar sobre la vida de las celebridades y la farándula; El origen de este tipo de prensa viene de la antigua sección periodística denominada crónica de sociedad, crónica de salones o ecos de sociedad, donde se daba cuenta de los matrimonios, peleas, divorcios, embarazos, natalicios, necrológicas, entierros, éxitos, fracasos, fiestas, vacaciones, compras de casas, operaciones, enfermedades, sucesos y demás acontecimientos sociales de las capas altas de la sociedad y de las celebridades en terrenos como el deporte, las finanzas, la política o los espectáculos.


Fotonovelas del corazón

Una fotonovela o fotohistoria era una narración en fotografías, constituye un género editorial bastante conocido en los años 60 y 70 y ha contado con un público principalmente femenino y popular, sobre todo porque trata casi siempre argumentos sentimentales.

Quisiera hacer mención especial a las fotonovelas de CORIN TELLADO, María del Socorro Tellado López, conocida como Corín Tellado fue una popular y extremadamente prolífica escritora española de más de 5.000 novelas románticas entre 1946 y 2009; se han vendido más de 400.000.000 de ejemplares de sus novelas, que han sido traducidas a 27 idiomas, además figura en el Libro Guinness de Récords 1994 (edición española) como la autora más vendida en lengua castellana.



Novelas más bien del Oeste

El nombre de Marcial Antonio Lafuente Estefanía que fue un popular escritor español de unas 2.600 novelas del oeste, considerado el máximo representante del género en España, además de publicar novelas como M. L. Estefanía, utilizó seudónimos como Tony Spring, Arizona, Dan Lewis o Dan Luce y para firmar novelas rosas María Luisa Beorlegui y Cecilia de Iraluce, las novelas publicadas bajo su nombre han sido escritas, o bien por él, o bien por sus hijos, Francisco o Federico, o por su nieto Federico, por lo que hoy es posible encontrar novelas inéditas de Marcial Lafuente Estefanía.

La Codorniz fue una revista de humor gráfico y literario publicada en España desde 1941 a 1978, se autoproclamaba La revista más audaz para el lector más inteligente, y posteriormente también Decana de la prensa humorística, y sin duda fue una de las más longevas publicaciones de humor, sirviendo de inspiración a las posteriores El Papus, Hermano Lobo y Por Favor, tuvo varios problemas con la censura —especialmente por el Artículo 2.º de la Ley de Prensa— y sufrió numerosas multas, apercibimientos y, de modo irremediable, suspensiones en 1973 y 1975, asimismo es víctima, o quizá disfruta, de múltiples leyendas urbanas referidas a portadas y artículos que nunca publicó y sin embargo son famosísimos.


Por último y no menos importante, fué El Caso, un semanario español especializado en noticias de sucesos, que se caracterizó por relatar en sus páginas los crímenes y episodios trágicos más desagradables y escandalosos de la sociedad española de posguerra, el primer ejemplar apareció el 11 de mayo de 1952 y continuó con cadencia semanal hasta su cierre en 1997.


En mi memoria lo conservo todo tan, tan claro…

Pero en los quioscos se vendían más cosas porque eran como pequeños bazares que hacían las delicias de niños y mayores... en la parte inferior, y entre cochecitos, muñequitos y un sinfín de pequeñas miniaturas (incluyendo las máquinas sacapuntas de la época, figuras de coche, tren, armas, etc.) estaban los sobres de MONTAPLEX, para niño y niña; a mí siempre se me iban los ojos, con estos sobres, que constantemente se iban actualizando; mis preferidos eran los ejércitos de diferentes países, por colores además, como ya he comentado, mi madre tenía que comprarme uno casi siempre que pasábamos, porque me agarraba de una argolla que había junto al cristal y de allí no me soltaba si no caía algo, directamente.

El estante intermedio estaba destinado a albergar todo tipo de artículos de broma: bombas fétidas, dedos ensangrentados y vendados, líquido de frío y calor, mosca dentro del cubito, en fin, una retahíla inacabable de objetos para fastidiar al próximo; creo que los llegué a tener todos, por cierto, mi favorito, la tinta invisible.

Había una vitrina que haría las delicias de cualquier coleccionista de nuestros tiempos, cientos de cochecitos en miniatura, muñequitos…, uno podía pasarse las horas allí viendo como montones de paquetitos de plástico transparente con figuras del oeste, accesorios para muñecas, arcos y flechas, pistolas de todo tipo, diábolos, tamborcitos, en fin, todo lo que se pudiera uno imaginar; encima del mostrador, botes con golosinas de la época: cañas de azúcar, palulús, altramuces o chochos, pipas de girasol y de calabaza, algarrobas, etc.


Artículos de broma

Chuches varios


A continuación os cuento como eran algunas de las cosas que podiamos comprar en los quioscos

EL Chupa Chups era un caramelo con palo; el Chupa Chups se vende cuando Enric Bernat idea un sistema por el cual los niños evitan la incomodidad de ensuciarse las manos, la idea sería como tomar un caramelo con tenedor, se experimenta y, finalmente, se empieza la producción; pero no será un tenedor sino un palo de madera el que permita tomar cómodamente un caramelo, a partir de entonces, un Chupa Chups.
El precio de mercado fué de 1 peseta, era caro para los años cincuenta pero sin duda, se hizo para dar la imagen de un caramelo de calidad.

El Toffe era un caramelo masticable de la marca DAMEL que creó en unos paquetitos de diez caramelos masticables y con distintos sabores: Avellana, Café y Cacao; se vendían en quioscos, pastelerías, heladerías etc. y llego a ser una de las golosinas más populares de la época; Damel creó un eslogan que decía Damel, el sabor que da energía inundando el mercado para disfrute de niños y mayores.

Los Anisitos o los juguetes con bolitas de anís; el éxito en los años sesenta, se debió a que era una golosina y un juguete; los había de distintas formas: pistolas, lecheras, aviones, la Ratita presumida, Topo Gigio, botijos, lupas, cochecitos, muñecos, sifones y muchos más articulos diferentes; los niños y niñas de la época lo utilizaban para jugar a las casitas, a las tiendas, a los papás y las mamás y otros juegos después de comerse sus bolas con sabor anís.

Los Cigarrillos de chocolate eran otro clásico de las golosinas y fueron durante varias décadas una de las chuches preferidas de niños y niñas; el chocolate acompañó a varias clases de golosinas como las monedas, las botellas, las sardinas y los cigarrillos quizá fueron las más populares entre la chiquillería.

El Chicle Bazoka fué el rey de las golosinas a finales de los años 60 y durante los 70, eran la estrella del quiosco; 1 peseta un chicle; fué también muy famosa su canción el Chicle Bazoka, se estira y explota, también fueron famosos sus regalos como las calcomanías de escudos de equipos de fútbol y las gorras de sus promociones.

Lo que hace que el chicle Bazooka haya perdurado en la memoria aparte de su sabor intenso, era por lo dura que estaba la goma al empezar a mascarla o lo grandes que podían ser los globos, fue el que practicamente desde el principio dentro de la envoltura había una tira de comic con un personaje llamado Bazooka Joe, claro está que su eslogan lo decía muy claro: el que más se hincha es un Bazoka, este si que se masca bien y no pierde el sabor y dura cuanto quieres.

Los Mistos o Fósforos, eran un clásico del quiosco, se trataba de unas tiras de papel cartón con trocitos de fósforo pegados que recortábamos con la mano y los rascábamos sobre las paredes produciendo pequeños estallidos y chispas; los más valientes se lo ponían dentro de las manos agitándolos para no quemarse produciendo así un sonido característico; estos pequeños fuegos artificiales eran el alma de muchas fiestas populares, de las pocas cosas que los padres dejaban utilizar a los más pequeños; también lo chupábamos (craso error) para pintarnos la cara pues eran fosforescentes como los fuegos fatuos.

Los Recortables de muñecas que hacían que las niñas tijera en mano se divirtiesen vistiendo y desvistiendo a muñecas de papel, también conocidos con el nombre de mariquitas; fué sin duda uno de los juguetes más populares de las niñas de los 50, 60, 70 y 80; la ilusión por cambiar de ropa a estas muñecas se ha trasmitido de generación a generación.
El recortable era ideal y de un coste no muy elevado, que te permitía vestir a tu muñeca para la ocasión: Hoy hace frío, le pondré el abrigo, bufanda y botas, para ir al cole, su equipo completo de estudiante.

Los Recortables para chicos hacían que los niños se divirtiesen montando verdaderas batallas de papel; fué también sin duda uno de los juguetes más populares de las niños de los  50, 60 y 70; el recortable era ideal, y te permitía montar tus propios escenarios y con los personajes que más nos gustaban; en España se publicaron varias series: Indios y vaqueros, soldados norteamericanos, españoles, etc; también eran muy populares los recortables de edificios, trenes, coches, barcos y aviones.

Los Sobres sorpresa Montaplex, sin duda, fueron las estrellas del quiosco en los años setenta; miles de niños acudíamos duro en mano a comprar estos magníficos juguetitos; se llamaban sorpresa, pero todos sabíamos lo que nos iba a salir de antemano la mayoría de las veces, pero la ilusión era siempre latente; era como si esperábamos algo nuevo, algún objeto que causara las miradas de emoción de otros niños; las series eran muy variadas: grupos y ejércitos de todas las naciones dónde podíamos recomponer las batallas más insólitas, también estaba el armamento pesado como aviones, cañones, ametralladoras, helicópteros, camiones, jepp, y toda clase de navíos; el viejo Oeste también estaba representado con los guerreros indios, vaqueros, el scheriff, el fuerte que aguantaba los temibles ataques de los pieles rojas, y cómo no, el poblado indio; también recreaban los objetos que destacaban en las series de televisión, como el submarino de Viaje al fondo del mar, o los platillos voladores de los invasores.

Un clásico fueron también los Buzos y Hombres rana, costaban 1 peseta y quizá los únicos que llegaron a equipararse con los indios y vaqueros; los niños de la época jugaban con estos muñequitos de plástico a imitar su serie favorita: Viaje al fondo del mar y estos buzos eran ideales para recrear escenas submarinas donde podían acompañar otros juguetes que salían en los sobres sorpresa.

Un buen ejemplo de la aceptación del plástico lo tuvimos con los Indios y Vaqueros, costaban 1 peseta y durante la década de los sesenta fueron los auténticos reyes del quiosco; eran de un solo color y algunos tenían su propio caballo; también había personajes del ejército español, norteamericano, alemán, japonés, romanos, vikingos, piratas etc; después aparecieron los muñequitos pintados, éstos eran mucho más caros pero también más reales.

El Fuerte Fort Grand Comansi, se fabricó en la década de los setenta y tuvo muchísimo éxito entre los más jóvenes, estaba fabricado en madera y plástico; hay que destacar los impresionates dibujos que llevaba su caja; este juguete fue el entretenimiento ideal para montar verdaderas batallas entre indios y soldados, también estaba la Carreta Comansi y otros accesorios para que los niños se pudieran montar auténticos poblados y otros escenarios del salvaje Oeste americano.

La Diligencia Comansi, estaba fabricada de plástico e iba en su caja la cual tenía unos impresionantes dibujos del Far West; este juguete fue el complemento ideal para el Fuerte y para los indios y vaqueros que comprábamos en el quiosco; fueron entrañables aquellas escenificaciones que se montaban en el salón de casa, dónde los indios o bandidos que ocultaban su cara atacaban la diligencia; un recuerdo muy apreciado para todos aquellos que jugaron a indios y vaqueros en su niñez.

Las Caretas los niños de la época las compraban para el juego diario con otros amigos; tener la careta del Pirata y una espada de madera o de plástico, suponía que por unos momentos se sintieran los bucaneros intrépidos que surcaban los siete mares en sus temibles galeones; la imaginación también se desbordaba con otras caretas como la de indio, guerrero Zulú y otras que aparecieron con personajes de dibujos animados y cuentos infantiles; eran de cartón y se unían a la cabeza con una gomita que con facilidad se soltaba, pero no era problema la volvíamos a unir con un nudo más seguro; tener el juego de caretas de Agente X Especial era ideal para adquirir las múltiples personalidades del agente secreto; podías disfrazarte con gafas y barba, con un antifaz que llevaba una calavera con sus dos tibias (careta que no tenía nada que ver con los espías y agentes secretos), y ponerte unos ojos nuevos para no ser reconocido por los agentes enemigos; eran de cartón y estaba incrustadas en una hoja rectangular.

El Visor de fotogramas de cine, sus fotogramas de películas mostraban a los héroes y villanos del celuloide; este juguete iba acompañado de dos cajitas con fotogramas de películas clásicas del Oeste, de Romanos, de Guerra y de Amor entre otras; por unos instantes nos sentíamos directores y directoras de Los Diez Mandamientos o Sissi y protagonistas de Espartaco o cualquier otra película clásica del 7º Arte; era habitual ver a los niños y niñas mirando a sus personajes favoritos a través de este visor de plástico, mientras comentaban unos a otros  ¿a mí, me ha salido Ben Hur y a ti...?.

Las Familias del Mundo fué un Juego de barajas infantiles, este juego apareció a mediados de los años 60 y pronto se haría muy popular entre los niños de la época; entrañables las familias de los Tiroleses, Bantúes, Esquimales, Chinos, Indios y Mexicanos; el juego consistía en juntar familias completas; el jugador que conseguía reunir el mayor número de éstas, ganaba la partida, la colección se componía de 43 cartas y estaba indicado para 2 o más jugadores; este juego era habitual en los recreos de los colegios, en las casas junto a familiares o amigos; a esta baraja le salió  una competidora, Parejas del Mundo otro juego que llegaría a convertirse en otro clásico del entretenimiento infantil.

Los Artículos de broma se vendían en los quioscos de los años 60, aunque también se vendían en otros establecimientos como jugueterías, droguerías etc; los artículos de broma fueron un producto que tuvo mucha aceptación a finales de los 60 y en la década de los 70; entre estos artículos se podían encontrar: Bombas Fétidas que eran unas ampollas que contenían un líquido con un olor insoportable; Tinta Mágica que, al verterla sobre cualquier tejido producía una gran mancha que desaparecía a los pocos segundos; Polvos Pica Pica, estos polvos hacían estornudar; Azucarillos, una vez disueltos en cualquier líquido salían a la superficie moscas o granos de café; quizá éstos fueron los más populares pero había otros como la sortija de agua, las placas que imitaban el ruido de rotura de cristales, dientes deformes, excrementos, dedo herido, cuchillo clavado en la cabeza y muchos más; en el envoltorio de cada broma iba numerado (ejemplo: Broma nº 16) y aparecía la cara de un chino mandarín.

La Cámara de fotos fué un clásico del Pipero y de los puestos ambulantes de ferias y mercados; la cámara de fotografía con sorpresa fue un éxito de ventas, su principal atractivo era apretar un botón y del objetivo salia una especie de gusano que emitia un sonido muy especial, fue el deleite de los niños y niñas de los años 60.

Las Ranas metálicas en algunos lugares de España se conocieron como Chicharras; fueron una especie de juguete o entretenimiento muy popular en los años 60; presionandolo, una y otra vez, su fleje o lámina trasera emitia un ruido muy caraterístico... ¡clac, clac, clac!, que fastidiaba mucho a los padres pero que encantaba a los más pequeños; eran todas de hojalata dorada o plateada, más tarde salió una nueva versión pintadas de verde.

La pequeña Pistola lanza tapones de corcho se comercializó en la década de los sesenta y tuvo muchísimo éxito entre los niños de la época; esta pistola, era de plástico e imitaba a la que llevaban los agentes secretos de las series de televisión, lanzaba pequeños tapones de corcho y se podía encontrar en quioscos y jugueterías; su coste no era muy elevado por lo que la hacía asequible a todos los niños; después se vendieron las pistolas lanza ventosas que lanzaban pequeñas ventosas; la pistola lanzadora de ventosas hizo que muchos niños de la época imitaran a sus héroes favoritos del tebeo y la televisión; estas pistolas fueron desplazadas por las  llamadas detonadoras, famosas por ser de metal a las que se le colocaban un fulmínante que al dispararlas producía un potente ruido.

Las Pistolas de agua, fueron uno de los juguetes más populares de los años 60; todo niño tenía una de éstas; con ellas montábamos verdaderas batallas, terminando todos empapados de agua; un signo característico eran los mordiscos en el tapón, que se producían cuando lo sacábamos el tapón con la boca  para volver a llenarlas; un juguete que quizá recordaremos con mucha nostalgia todos los que fuimos niños en la década de los años 60.

Las Hélices, en otros lugares se llamaban Voladoras y los que tenían más imaginación Helicópteros, fue uno de los juguetes preferidos de los niños y algunas niñas de los 60; Jugar con este artículo era muy sencillo; sólo había que hacerlas volar y contra más tiempo permanecía en el aire, mucho mejor, para ello se cogía el palito de la hélice con la palma de las dos manos y se friccionaba varias veces hasta que se soltaba con energía, ésta salía disparada  dando vueltas sobre el aire.

Los Dardos de plástico durante varios años fueron uno de los juguetes de 1 peseta preferidos por todos los niños; las dianas para jugar con estos dardos podían ser cualquier cosa: una caja de cartón, un árbol, un corcho... y de vez en cuando nos llevábamos algún pinchazo que otro; eran de plástico, excepto la punta que era un pequeño clavo y los había de distintos colores.

Las Pelotas de goma se hicieron muy populares entre la chiquillería, eran ideales para decenas de juegos: frontón, botarla más alto, para juegos de bolos, tocado (consistía en tirarle la pelota a otro jugador y si le dabas éste era penalizado) y otros muchos juegos más; la pelota era de goma hueca, con unos pequeños punto que sobresalían de su superficie; costaba 1 peseta.

Los domingos recibíamos la propina, el que podía disfrutaba del Vitacal y otros manjares como la cañadú o caña de azucar, y qué decir de los petardos aquellos que hacíamos explotar debajo de las latas por el placer de hacerlas volar, también vendían unas piedras rodadas impregnadas en fósforo que al rascarlas por las paredes petaban….


De vez en cuando aparecían vendedores ambulantes vendiendo, manzanas de caramelo, generalmente eran los mieleros de la Alcarria cargados de serones llenos de queso y miel y con una especie de estandarte de madera donde introducían los palitos para sujetar sus exquisiteces.

Algunos años más tarde empezaríamos a comprar los primeros cigarrillos o bien sueltos o por cajetillas: 3 cigarrillos de celtas cortos y sin filtro por una peseta; un poco más lejos estaba también la tienda de la señora Carmen, en la bajada de la calle de Embajadores donde cambiábamos los tebeos, aquella tienda de tebeos era un auténtico almacén de tebeos de todas las clases, nuevos y viejos...

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