Madrid - Viaje en el tiempo

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Madrid

Vacaciones de verano

En Madrid os aseguro que lo mismo que en invierno nevaba demasiado como para faltar a clase debido a la nieve, en verano era difícil encontrar los días que no se pasara de 35 grados, siendo corriente alcanzar los 40 y como decíamos, a la sombra, por esta razón mi madre nos llevaba en verano en tren desde la Estación del Norte a pasar el domingo a las pozas del río Gudillos de San Rafael en la sierra de Madrid para buscar una salida a tan calurosa situación, pasabamos el día bañandonos y comiendo, el lugar escogido era muy bonito, los pinos muy altos nos protegian del sol con una gran sombra, corría un arroyo de agua muy clara y fresca, y dejabamos enfriando las botellas.

Nuestra comida era casi siempre la misma, una
rica tortilla de patata y filetes empanados, despues de las comidas nos tumbabamos en las mantas y a dormir la siesta
, el resto del tiempo no parábamos quietos, cosa lógica en los niños; después de comer y dormir la siesta, casi había que empezar a recoger las cosas para emprender la vuelta, porque si perdíamos el tren, estábamos perdidos, porque no había otro.


Cuando yo era niño, los veranos se pasaban en Madrid o en el pueblo de algún familiar próximo, normalmente de los padres o los abuelos, si uno tenía esa posibilidad, si no, a cocerse en Madrid, yo tuve suerte, mi abuela materna era de Vigo y allí fuimos muchas veces, pero no siempre podía ser, ni tampoco era durante todo el tiempo de las vacaciones del verano, con lo que una parte del mismo, cuando no entero, lo terminábamos pasando en Madrid.

Allá, a finales de los cincuenta, se estrenó una de las grandes obras faraónicas del Franquismo, El Parque Sindical, los que son de Madrid, y tienen cierta edad, seguro que lo conocen, a los que no lo conocen, les diré que se trataba de una finca muy grande, al principio de la carretera de El Pardo, por donde pasaba el Manzanares, nos bañábamos en el río ya que todavía no estaban hechas las piscinas actuales y recuerdo a la perfección un barco de plástico transparente tipo crucero de verano que se abría por la mitad ya que era dónde iba el café que compraba mi padre y a mi me servia de juguete para el agua, normalmente íbamos con algunos amigos o vecinos, con lo que era fácil que sumáramos quince o veinte, allí aprendí a nadar, tampoco demasiado, más bien a mantenerme.

Más tarde, abrieron una piscina enorme, decían que la mayor de Europa, de por lo menos 150 metros, también fui allí, pero no siempre pues tenía un precio suplementario, eran miles, cientos de miles, diría yo, los madrileños que no tenían otro sitio donde refrescarse y pasar el día, era lo que había, lo único que había en aquella época, para la gran mayoría, luego en los sesenta vendrían las piscinas municipales y privadas. esta pretendía ser la de la charca del obrero que era como se le conocía al Parque Sindical, familiarmente.

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