Mi infancia - Viaje en el tiempo

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Mi infancia

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Mi infancia como la de todos los niños en Madrid por aquellos años transcurrió en la calle, verdadera escuela de la vida y solar de nuestros juegos, hoy sería impensable por ejemplo montar un partido de fútbol en ella con dos porterías improvisadas entre dos piedras o montoncillos de abrigos o jerséis, los coches apenas pasaban y de los carros había tiempo para retirarse.


Mi infancia se desarrolló en el Paseo de las Delicias del distrito de la Arganzuela de Madrid, allí tenía mi barrio, mi colegio, mis amigos que algunos de los cuales vivían en casas de vecindad llamadas Corralas que eran un tipo de vivienda característica del viejo Madrid diseñada como casa de corredor con armazón general de madera cuyos balcones dan a un patio interior; de vez en cuando y sobre todo durante las fiestas de La Paloma y San Isidro iba a sus casas porque me encantaba su forma de vida tan vecinal y muy castiza.

El edificio de las Corralas presentaba una fachada por lo general estrecha y en ella como entrada había un portalón que daba paso al patio o corral que era el centro vital de la corrala; una escalera permitia ir subiendo a los pisos y cada uno de los cuales disponia de un corredor (galería abierta o pasillo balconado que a veces llega a rodear todo el patio) con entradas a las pequeñas viviendas que tipificaban esta construcción.

En algunas fechas señaladas como la festividad del patrón del barrio, las corralas se engalanaban y se preparaban para una celebración en la que participaban todos los vecinos; los adornos consistían principalmente en banderitas que colgaban de una cuerda o bien farolillos de papel, si la economía lo permitía se contrataba un organillo y a veces incluso un acordeón y dulzaineros; la bebida tradicional del festejo era la limonada o limoná, también había baile en el patio, por lo general el chotis y la mazurca aires propios de la época.

Para terminar con las corralas, os paso a continuación unos párrafos de Fortunata y Jacinta para que veais como era la forma de hablar de estos vecinos de Madrid:

"Aquí es, dijo Guillermina después de andar un trecho por la calle del Bastero y de doblar una esquina. No tardaron en encontrarse dentro de un patio cuadrilongo. Jacinta miró hacia arriba y vio dos filas de corredores con antepechos de fábrica y pilastrones de madera pintada de ocre, mucha ropa tendida, mucho refajo amarillo, mucha zalea o vellón (cuero de oveja o carnero curtido de modo que conserva su lana) puesta a secar y oyó un zumbido como de enjambre. En el patio, que era casi todo de tierra empedrado sólo a trechos, había chiquillos de ambos sexos y de diferentes edades. Una zagalona tenía en la cabeza toquilla roja con agujeros o con orificios como diría Aparisi; otra, toquilla blanca y otra estaba con las greñas al aire. Esta llevaba zapatillas de orillo y aquella botitas finas de caña blanca pero ajadas ya y con el tacón torcido. Los chicos eran de diversos tipos. Estaba el que va para la escuela con su cartera de estudio y el pillete descalzo que no hace más que vagar. Por el vestido se diferenciaban poco y menos aún por el lenguaje que era duro y con inflexiones dejosas.
«Chicooo... mia éste... Que te rompo la cara... ¿sabeees...?».

—¿Ves esa farolona?—dijo Guillermina a su amiga—, es una de las hijas de Ido... Esa, esa que está dando brincos como un saltamontes... ¡Eh!, chiquilla... No oyen... venid acá.

Todos los chicos, varones y hembras se pusieron a mirar a las dos señoras y callaban entre burlones y respetuosos sin atreverse a acercarse. Las que se acercaban paso a paso eran seis u ocho palomas pardas, con reflejos irisados en el cuello, lindísimas, gordas. Venían muy confiadas meneando el cuerpo como las chulas, picoteando en el suelo lo que encontraban y eran tan mansas que llegaron sin asustarse hasta muy cerca de las señoras.

De pronto levantaron el vuelo y se plantaron en el tejado. En algunas puertas había mujeres que sacaban esteras a que se orearan y sillas y mesas. Por otras salía como una humareda: era el polvo del barrido. Había vecinas que se estaban peinando las trenzas negras y aceitosas o las guedejas rubias, y tenían todo aquel matorral echado sobre la cara como un velo. Otras salían arrastrando zapatos en chancleta por aquellos empedrados de Dios y al ver a las forasteras corrían a sus guaridas a llamar a otras vecinas, y la noticia cundía, y aparecían por las enrejadas ventanas cabezas peinadas o a medio peinar."


Sigamos, el recuerdo de mi Confirmación y de mi Comunión conjuntamente con mi hermana Tere lo conservo de la Iglesia de la Beata María Ana de Jesús que era la iglesia que nos llevaba el colegio Castilla para estudiar los catecismos y tomar parte en los coros que hacíamos los niños de la zona; la otra iglesia de mi niñez fue la de las Angustias, allí íbamos los domingos a misa, por cierto y como anécdota, un día me mareé con el olor a incienso y eso fue el determinante para poner disculpas para no volver; en esta iglesia íbamos a la sacristía dónde nos impartian el catecismo y nos daban una moneda que luego la canjeábamos en Reyes por juguetes; también quedabamos los amigos del barrio cuando nos enterábamos de que había un bautizo para corearle al padrino eso de eche usted padrino, no se lo gaste en vino y hala, a pelearse por las perras gordas y chicas que nos echaba el padrino al suelo de la iglesia; era habitual que el padrino de un bautizo tuviera el detalle de lanzar al aire un pelón de reales y pesetas que provocaba la algarabía de los niños alli preparados para tal evento.


Alrededor de mi barrio teniamos empresas como Philips, Stándar Eléctrica, Colchones Numancia que luego se llamó Flex y que sus empleados vivian en las casas de la calle Ancora que eran propiedad de la empresa, alli vivían compañeros y amigos de mi colegio; también estaba muy cerca de mi casa la empresa cervecera El Águila y de la que todos los días veíamos como salían los carros tirados por caballos percherones que iban a repartir los barriles de cerveza por todo Madrid.


Otras cosas que recuerdo son a los vendedores ambulantes como eran las aguadoras que vendían agua en botijos como lo siguen haciendo actualmente en Marruecos, se veian también afiladores de cuchillos y tijeras que tocaban la pito del afilador o chiflo que era una pequeña flauta de Pan hecha de cañas y luego de plástico con su breve melodía haciendo sonar las notas de su escala tonal de graves a agudas y viceversa como una escalerilla musical para que supiésemos que estaban por el barrio y que además nos arreglaban los paraguas rotos y otros instrumentos de corte, y como no, los mieleros y queseros que vendían miel de la Alcarria, iban cantando eso de ¡Queso y miel de la Alcarria! ¡A la rica miel!, esos eran los gritos de guerra de estos vendedores ambulantes cuando llegaban a la puerta de tu casa que por entonces no teniamos telefonillo en los portales y por esta razón podia entrar cualquiera y cuando mi madre les abría la puerta, ahí aparecía el mielero con las cacharras de miel en la mano, guardapolvos que un día fue blanco, alpargatas, boina o gorra y unas grandes alforjas al hombro donde guardaba la romana, las cucharas y los quesos.
También veiamos por la calle muchos chatarreros y traperos que iban por las casas de los barrios recogiendo la basura para luego vender lo que podían aprovechar, los basureros y los colchoneros que después de lavar la tela del colchón ahuecaban la lana en la misma acera de la calle golpeándola con varas de madera terminadas en curva para quitar las nudos que se hacían con el uso diario, luego volvian a recoser los colchones y como nuevos para otro año.


Aqui os dejo una serie de fotografias de mis amigos de la infancia, que buenos recuerdos me quedan de esa época de mi infancia.


Y aqui os dejo otra serie de fotografias de mis amigos y yo mismo en un viaje que hicimos a Gandia y a Cullera, etc... todos juntos en mi coche Seat 800D recién sacado mi carnet de conducir a la vuelta de mi trabajo por las tierras valencianas durante siete meses.



Debido a esto que os cuento, no os extrañe que ahora los niños sean diferentes.... si tú eres de los de antes... enhorabuena y comunica esto a todos los que tuvimos la suerte de crecer como niños.

Ojú soy más antiguo que Tutankamon...

Y aquí estoy de momento disfrutando de mi jubilación con más ilusión que un niño chico... y es que los años vividos no los cambio por nada.

Aunque tal vez sólo sienta nostalgia


Por último, no os olvideis que el Madrid de mi infancia era el de las castañeras en sus puestos invernales de las esquinas, los tenderetes de refrescos que ofrecían agua de cebada, polos de hielo con sabores, horchata y granizados de limón, el caso es que con su desaparición también lo hicieron algunos productos típicos de Madrid como eran el agua azucarillos y aguardiente que era un combinado típico de las verbenas y fiestas de Madrid, la gente lo llevaba en botijos para que se mantuviera más tiempo fresquito e incluso había personas que vendían esta bebida por tragos de botijo; para llevarlo preparado se mezclaba en el botijo el agua fría y un chorro de aguardiente y se disolvian los azucarillos.

Como dato curioso, sabed también que en mis tiempos de esa infancia de posguerra el alumbrado de los escaparates estaba prohibido, lo mismo que el trabajo de los motores eléctricos de 20:00 de la noche a 8:00 de la mañana, debiéndose reducir el consumo de bares y restaurantes al 25% y el de las casas a la mitad; según el diario Arriba era debido a la pertinaz sequía que sufría el país por esas fechas mientras que las fuentes oficiales lo achacaban a las consecuencias de la guerra mundial, etc...



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