Negocios en desuso - Viaje en el tiempo

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Negocios en desuso

Años 50_60_etc
Hay cosas que pocos recuerdan el porqué están…

Muchas de las pequeñas tiendas a las que solíamos ir a comprar tenían un olor particular que las hacía inconfundibles. De hecho, si entonces nos hubieran llevado a alguna de ellas con los ojos vendados enseguida habríamos sabido cuál era. Las de ultramarinos, por ejemplo, destilaban un profundo aroma mezcla de especias, legumbres, arenques, fiambres y otros productos varios, mientras que las lecherías transmitían una frescura difícilmente describible, a veces incluso a leche recién ordeñada. De las panadería resulta obvio recordar ese olor a pan y bollería aún calientes que permanecía intacto durante todo el día. Y hasta pequeños locales, como el del zapatero, que olía a pegamento y cuero, o el de la carbonería, a carbón y leña, desprendían aromas que era imposible encontrar en cualquier otro sitio.

De todas esas tiendas, sin embargo, las que nada más entrar te impregnaban de un olor más intenso y extraño, por decirlo de alguna manera, eran las droguerías, lo cual tampoco era sorprendente, habida cuenta de todos los productos que se vendían en ellas, muchos de ellos a granel, como era también habitual en otros comercios: lejía, aguarrás, alcohol de cocina, tintes para la ropa, glicerina, parafina, colas y pegamentos, betunes y ceras para la limpieza de zapatos, jabones, detergentes y otros para la limpieza general, Zotal y demás desinfectantes, insecticidas, antiparasitarios, lijas, pinturas, brochas y pinceles, sosa, cal, Pedramol, goma arábiga, barnices, esmaltes, aceites de linaza o secantes, productos para pulir cobres y metales…, y un sinfín más de ellos, de los que es posible que más de uno se acuerde, que completaban un catálogo de lo más variopinto, al tiempo que útil y práctico.

No era de extrañar, por pura lógica, que las droguerías tuvieran aquel olor peculiar, del que era difícil desprenderse incluso un rato después de salir de la tienda. Y todavía se hacía más contagioso cuando a esa selecta oferta de productos básicos se añadían los de perfumería, lo cual no sucedía en todos los casos, aunque sí era una antigua tradición que algunos comercios mantenían vigente. En tales casos, resulta difícil explicar cuál era el resultado de aquella explosiva mezcla de aromas que provocaba, por ejemplo, la combinación de aguarrás, lejía y alcohol con la de perfumes, colonias y demás productos cosméticos, pero que a buen seguro algunos todavía conservan intacta en algún rincón de su tabique nasal.

Por ejemplo los Ultramarinos o Colmados tenían allá por las décadas de los 50/60, 70 y 80 una forma humilde y generosa de ganarse la vida vendiendo los siguientes productos:

    • Limpieza: Jabón de losa, colonia y laca a granel, extractos de Novelda, champú Bilore para rubias o para morenas, fijador.
    • Droguería: Blanco españa, pavonazo, polvos ocre, cáustica, barniz, aceite linaza.
    • Paquetería: Hilos para bordar (moliné, laso), bobinas para zurcir y remendar, botones, ropa interior.
    • Calzado: Alpargatas, zapatillas, botas, catuscas, albarcas, piales, (ganchos y suelas sueltos para arreglar las abarcas).
    • Oftalmología: Juego de gafas de distintos tipos, cuando leías bien el periódico eran las que te hacían falta y sin mas receta.
    • Cacharrería: Cántaros y botijos, porrones y pucheros, cristalería fina, regalos para la novia/o, máquinas de coser Alfa, "arradios" y "becicletas".
    • Ferretería: Azuelos, azás, hoces, punchas y clavos de herrar, y más ...
    • Productos energéticos: Carburo, petróleo para el infiernillo, petróleo agrícola para el Piva, gasolina con aceite para la moto, botellas de gas Butsir o Camping gas.
    • Transportes: Si te ponías malo te llevaba el análisis para el médico y si tenias que ir tu, también te llevaban en el coche "negro" o en el "ALFA".


Os muestro algunos de los negocios estables que pude conocer en mi infancia


Algunos de los negocios ambulantes
(ver trailer afilador)









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