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Años 50_60_etc > Oficios en desuso

La necesidad y el sentido común imponían mucho ingenio y remedio para que las cosas que usabamos, a ser posible, duraran hasta el infinito y más allá, o sea, lo que hoy se conoce como reutilización o mejor aún, reciclado de lo que entonces poco o nada se sabía aún.

Para empezar, en cuestiones de comida pocas cosas había de las que pudieran aprovecharse que fueran a parar a la basura. Los restos del plato de un día siempre podían encontrar digno acomodo en las albóndigas, las croquetas o el potaje del día siguiente. Y tampoco la ropa era de usar y tirar, que para algo estaba meterle la sisa a una prenda, sacarle el bajo, coserle coderas o rodilleras y, hasta si era menester, teñirla, que quién iba a saber que aquel abrigo rojo ya raído se había transformado en uno negro precioso que parecía recién estrenado?. En realidad, hasta los calcetines tenían remiendos y a las medias de señora afectadas por una lamentable carrera se les podían coger los puntos, de lo que bien dejaba constancia la mercera de la esquina.

Tampoco otros artilugios de andar por casa corrían peor suerte, que para casi todos ellos había oficios de fina especialización. Para arreglos de zapatos, cinturones, monederos o carteras, ahí estaba el zapatero remendón o el guarnicionero, según la mercancía a tratar, y para afinación de cuchillos, navajas u objetos cortantes, el afilador, oficios ambos por cierto, aún de buen uso, aunque algo escasos.

La lista de arreglalotodo o como se dice ahora, el chapuzas, bien podría completarse con el colchonero que hasta la llegada de los colchones sintéticos se encargaba, de tarde en tarde, de desapelmazar la lana de los colchones rellenos para que quedaran como nuevos. Y también con el latero o lañador, artesano ambulante encargado de reparar cacharros metálicos, tales como cazos, palanganas, pucheros, cacerolas, lebrillos, sartenes, jofainas, orinales, tinajas y demás utensilios, añádanse también de loza o porcelana, estos por medio de lañas y grapas.

¡Ah!, y que no se olvide la inestimable ayuda que prestaba el paragüero, o sea, el remendador de paraguas, cuya voz hasta bien entrados los 60, aún resonaba por algunas calles gritando aquello de paragüeeeeeeeeero, y el tapicero, oficio este del que por fortuna todavía sigue habiendo constancia, que dejaba recién estrenados el tresillo, la mecedora, el sillón de orejas que ahora tan bonito lucía en el comedor y hasta el tapizado de cuero de la puerta de entrada con sus remaches y todo.

Las costumbres van cambiando y cada día la nueva tecnología inunda nuestro vida actual relegando al olvido profesiones y oficios que antaño fueron esenciales, algunos solamente han cambiado de nombre como fueron los antiguos Bañeros que ahora todos  les conocemos como Socorristas, otros perdieron su puesto sustituídos por una máquina, desde aqui quiero que recordeis algunos de esos oficios perdidos o en desuso para mantener en el recuerdo los que alguna vez fueron imprescindibles.

Oficios como el Sereno de chuzo golpeador y manojo de llaves, el Afilador chiflando el caramillo mientras gira la piedra de amolar, el Pregonero de turuta de cobre, el Recadista que en burro o en autobús se desplazaba de los pueblos a la capital para realizar sus encargos, el Colchonero al hombro su curva vara de atizar lana, el Resinero de afilada azuela… han desaparecido para siempre, con ellos se ha esfumado también una parte de nuestra cultura y una herencia ya imposible de transmitir, todos sentimos la pérdida de estos y otros oficios que han formado parte de nuestras vidas, de nuestro paisaje y de nuestro recuerdo, pero...

¿sentimos la pérdida de todos o solo de algunos?

Existe un oficio al que nuestro modo de vida, nuestra elección de cómo gobernarnos

¿ha sido condenado a la desaparición?

 
Pues estos son algunos de los oficios de la Administración Pública que pude conocer en mi infancia.

Es una pena que se hayan perdido estos oficios tan arraigados en nuestro Madrid y por supuesto en toda España, esos días en que la memoria te juega una mala pasada y te hace sentirte nostálgico y reflexionas y das gracias por haber tenido la oportunidad de haberlos conocido y de poder contar a esta generación los maravillosos años que se han perdido, en fin, que cumplí un año más y aunque jamás diré aquello de cualquier tiempo pasado fue mejor, lo cierto es que uno no puede evitar que le invada la nostálgia.


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