Racionamiento y Estraperlo - Viaje en el tiempo

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Racionamiento y Estraperlo

Años 50_60_etc
En nuestra posguerra, el racionamiento afectaba a multitud de bienes de consumo como eran los alimentos, el carbón y el tabaco (sólo para los mayores de edad), etc... en el periódico venía cada semana la ración diaria que se podia conseguir de cada producto y no era siempre lo mismo, los lugares en los que había que hacer cola para conseguirlo (casi siempre en tiendas de ultramarinos), el tendero recortaba los cupones tras la entrega de cada ración, pegándolos con engrudo en sus hojas de contabilidad, en función de los ingresos familiares existían cartillas de 1ª, 2ª y 3ª, correspondiendo las primeras a las familias de un nivel económico más alto y las últimas a las que menos recursos tenían, de esta manera la ración que se otorgaba a las cartillas de 1ª era inferior a la de las de 3ª, aunque en todos los casos las cantidades eran escasas y la sensación de hambre era permanente, para hacernos una idea de las carencias que tenía a diario cada familia podemos decir que de media se contaba aproximadamente con dos hogazas de pan a repartir entre todos.

El diario ABC publicaba el 1 de julio de 1946 que la ración de pan de ese día era de 250 gramos para las cartillas de 3ª, de 200 gramos para las de 2ª y de 150 gramos para las de 1ª, cada persona podía comprar 2 kilos de patatas a 1,55 pesetas el kilo y 20 kilos de carbón, como excepción había algunos días en los que el Gobierno ordenaba la entrega de doble ración.

Algunas amas de casa, debido a la escasez de jabón, se dedicaban a fabricar jabón en su propia casa para el consumo doméstico, a continuación os paso a comentar las recetas que usaban

Receta para hacer jabón en crudo
Tres litros de aceite
Dos litros de agua
Medio kilo de cáustica.
Se echan los dos litros de agua fría en un baño con el medio kilo de caustica, se mueve bien, con un palo, siempre para el mismo lado hasta que se deshaga totalmente, después se echa el aceite sin dejar de mover (siempre hacia el mismo lado) hasta que quede todo bien batido, cuando esto ocurre, se echa en el cajón de madera que hemos preparado para esto, poniéndole previamente un papel al cajón antes de echarlo, se deja cuajar y al otro día se saca del cajón y se corta en trozos del tamaño que se quiera.

Receta para hacer jabón cocido
Tres libros de aceite
Tres litros de agua
Medio kilo de cáustica.
Se hace igual que el anterior poniéndolo al fuego y cuando está cocido y cuajado se echa en el cajón y al otro día lo cortamos en trocitos.

El estraperlo en España

Las carencias de la posguerra nos trajeron el estraperlo encarecia los productos básicos como para poner un ejemplo, cuando un kilo de azúcar costaba 1,90 pesetas, en el mercado negro con el estraperlo costaba 20 pesetas, el aceite para el racionamiento se pagaba a 3,75 pesetas el litro y a 30 pesetas de estraperlo.

Por esta razón, se sacó una ley de 1941 que amenazaba con la pena de muerte a los especuladores esta ley no sirvió más que para provocar el suicidio de un hombre de Zaragoza que, por miedo, se arrojó al Ebro, a partir de este escándalo la palabra estraperlo ha quedado como sinónimo de chanchullo, intriga o negocio fraudulento, así, por extensión, se denominó también estraperlo, durante la posguerra española, al comercio ilegal (mercado negro) de los artículos intervenidos por el Estado o sujetos a racionamiento (decretado por el régimen de Franco desde 1936 hasta 1952), recibiendo el apelativo de estraperlistas los que se dedicaban a tal comercio.

En cada bloque de viviendas de la capital solía haber uno o varios estraperlistas protegidos casi siempre por sus vecinos ante cualquier inspección policial, en caso de tener una visita inesperada era común ver como todo tipo de paquetes pasaban de ventana en ventana para que la mercancía no fuese requisada.

Muy típicas eran las mujeres que se ponian en las puertas del Metro madrileño para vender los famosos chuscos o barras de pan blanco que en muchos casos eran el resultado del negocio que hacía algún alto cargo del Ejército al vender las raciones de los soldados a los que, a propósito, se les había dado permiso de fin de semana.

También solía ser bastante habitual el trasiego de productos de estraperlo por parte de algunos ferroviarios, la cesta en que llevaban comida y alguna muda cuando salían de servicio volvía cargada de productos de estraperlo adquiridos en las zonas rurales, tenían fácil el acceso a Madrid, cosa que no ocurría con los estraperlistas que tenían que ocultar la mercancía para que no fuese requisada por la Guardia Civil, así que frecuentemente los trenes que llegaban a la estación de Atocha iban soltando fardos conforme se iban acercando y aminorando la marcha para que los recogieran sus familiares apostados junto a las vías.

El estraperlo era una actividad perfectamente consentida, ya que el gobierno sabía que sin él muchas familias no hubieran tenido posibilidad de sobrevivir, la normalización del estraperlo llegaba a ser tal que los que manejaban este mercado alternativo pagaban impuestos indirectos a cambio de no ser denunciados por los agentes del régimen, en realidad eran grandes terratenientes o los mismos altos dignatarios los primeros beneficiados del estraperlo, ya que eran los que controlaban la producción y proporcionaban la materia prima a los vendedores, como resultado de este tráfico ilegal se hicieron grandes fortunas gracias a las cuales pudieron comprarse fincas, negocios o los famosos haigas (coches de importación únicamente al alcance de unos pocos).

Incluso la Panificadora Madrileña, que era una empresa estatal, se dedicaba a vender parte de su producción en el mercado negro como quedaría demostrado en los años 50, en este sentido en muchas ocasiones la policía jugaba con el poder con el que contaba, sacando tajada doblemente, el negocio consistía en presentarse de paisano para ofrecer a un comprador el producto de contrabando, presentándose inmediatamente después a pedirle otra cantidad a cambio de no denunciarlo por estraperlista.

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