Circo - Bibiana1

Vaya al Contenido

Circo

Tiempo de ocio

Ocurría que un día cualquiera, al salir de casa, nos encontrábamos con uno de aquellos carteles que anunciaban a bombo y platillos la llegada del único, grandioso, colosal y sensacional Circo Mundial, Circo Americano, Circo Atlas, Circo Monumental, Berlin Zirkus, Circo Ruso, Circo Royal, Circo Milan…, o las nuevas y flamantes atracciones del Circo Price, tanto en su versión ambulante como en la sede fija que tenía en Madrid —hoy felizmente recuperada—, resulta difícil describir el estado de shock emocional en el que entrábamos inmediatamente.


Circos de la España histórica

Y es que, tan escasos como andábamos de grandes y sorprendentes acontecimientos, era imposible no sentirse deslumbrados viendo aquellos impresionantes números de magos, acróbatas, trapecistas, equilibristas, funámbulos, contorsionistas, malabaristas, escapistas, tragafuegos, tragasables, hombres-bala, levantadores de peso —alias forzudos—, lanzadores de cuchillos, … o domadores de tigres, leones o elefantes, aunque en este caso debo decir que, en lo que animales se refiere, mi percepción de entonces no era la misma que la de hoy, de modo que celebro su prohibición con idéntica pasión a como de pequeño disfrutaba con ellos.


El espectáculo de fenómenos es un tipo de espectáculo de variedad que presenta rarezas biológicas.

Nos mostraban individuos con capacidades o características físicas inusuales, sorprendentes o grotescas; enfocándose también a la presentación de las artes circenses, demostraciones atléticas y diferentes performances de habilidades singulares.

En circos y ferias se presentaban individuos con alteraciones genéticas o padecimientos médicos (obesidad, raquitismo, hirsutismo, enanismo, gigantismo, intersexualidad, policefalia, órganos supernuméricos, albinismo, androginia, siameses, amputaciones y malformaciones óseas) que les producían malformaciones o mutaciones.

Había personas como faquires, otras con capacidades físicas inusuales y demostraciones atléticas (fuerza superior, elasticidad, acrobacia, salto insólito y contorsionismo).

Estaban también los poseedores de récords mundiales como cabello largo, uñas largas, mujeres de facciones hermosas, personas de gran musculatura y personas con gran cantidad de tatuajes.

Y se montaban espectáculos complementarios y artes circenses como burlesque (ridiculización obras teatrales), minstrel (género musical teatral), magia, ventriloquia, escapismo, lanzamiento de cuchillos, tragasables, tragafuegos.

Solo un breve inciso para aclarar que de la mujer barbuda o del hombre de dos cabezas, como habíamos podido ver en alguna película junto a otros extraños personajes, no tuvimos constancia alguna, al menos aquí en España.

Pero, por supuesto, de cualquier espectáculo de circo lo que más nos divertía eran las actuaciones de los payasos, que eran no solo los que nos hacían reír, sino también los que podían un poco de agradable sosiego después de tanta tensión y sofoco como nos producía el resto de números circenses.

Algunos de ellos, incluso, como los Hermanos Díaz, los Hermanos Tonetti, Pompoff y Thedy y, por descontado, el gran Charlie Rivel, se convirtieron en nuestros ídolos. La conocida pareja de Carablanca y Augusto, en ocasiones se convierte en un trio, cuando se acopla a ellos un Contra-Augusto. Estos tres tipos de payasos son lo que casi todo el mundo conoce o identifica como payasos de circo tradicional. Y hasta muchos aprendimos quién era el payaso blanco, o sea, el listo; el Augusto, el torpe y algo tonto que todo lo desbarata, y el Contra-Augusto, todavía más torpe que el anterior.


De todo aquel fabuloso mundo, capaz de crearnos ilusión, magia,  emoción y fantasía al mismo tiempo, poco queda. Alguna que otra compañía de circo tradicional de vez en cuando asoma por ahí, o también esas otras, como el Cirque du Soleil, que tiene más aspiraciones de espectáculos teatrales, pero será difícil recuperar el espíritu que destilaba el Circo Mundial, el Atlas o el Americano, quizás porque habría que recuperar otro tiempo, otra necesidad y otra inocencia.


Regreso al contenido