Semana Santa

Vaya al Contenido

Semana Santa

Años 50_60_etc
La llegada de la Semana Santa se recibía con entusiasmo por los más pequeños y, por supuesto, con recogimiento y devoción por los mayores. Para los primeros eran días de vacaciones y, por si fuera poco, en casa no solían faltar torrijas, pestiños, buñuelos o huevos de Pascua, que realmente estaban para chuparse los dedos. Además, la festividad no empezaba nada mal, con ese luminoso Domingo de Ramos que llenaba las puertas de las iglesias de ramas de olivo y de palmas, muchas de las cuales luego decoraban los balcones de las casas, y la multitudinaria procesión de la Borriquilla.

Pero lo realmente trascendente comenzaba el lunes de Pasión. Ese día, todo cambiaba por completo, como si de pronto se apagaran las luces y se hiciera de noche. De hecho, en la radio solo había música clásica y en la televisión únicamente se retransmitían procesiones y se emitían películas de romanos, de modo que había que volver a ver por enésima vez Barrabás, Quo vadis o Ben Hur.

Y encima no se podía comer carne, que en eso de respetar la vigilia la mayoría de los españoles eran bastante respetuosos. A decir verdad, con todo aquel decorado, al que había que añadir penitentes, pasos, cirios, saetas, cornetas y tambores, la Semana Santa imponía a los más pequeños. Y no digamos cuando la procesión era la del Silencio, en la que lo único que se escuchaba era el ruido sordo de las cadenas de los penitentes arrastrándose por el asfalto.

¡Para no pegar ojo en toda la noche! menos mal que solo eran seis días de penitencia, y el Domingo de Resurrección se producía el gran milagro: casi todo volvía a su ser y, sobre todo, a los cines llegaban los últimos estrenos, que era unas de las mayores alegrías que entonces podían darnos.

la Semana Santa es la celebración popular de la pasión, muerte y resurrección de Cristo en la capital de España. Esta manifestación de religiosidad popular católica es llevada a cabo por un grupo de hermandades, cofradías, congregaciones y esclavitudes algunas con varios siglos de historia que realizan procesiones en las que portan imágenes sagradas que representan distintos momentos de la pasión de Cristo y de los dolores de María, su madre.

La Semana Santa de antaño era una pesadilla, es verdad que no había colegio, también que tenías mucho más tiempo para jugar, sin embargo no me gustaba, dicen que la memoria es selectiva y que recuerda las cosas buenas pero tengo pocos buenos recuerdos de la Semana Santa que pasé en mi pubertad, estábamos en un estado Católico-Nacional y como se puede suponer, la Semana Santa era una festividad religiosa importantísima, todo estaba supeditado al Rito Religioso.

En cuanto al ocio, en la Semana Santa ocurría que como signo de religiosidad y recogimiento se suspendían todo tipo de espectáculos lúdicos por lo que el tiempo libre se empleaba acudiendo a las procesiones, pasear por el Parque del Retiro o quedarse en casa escuchando la radio, pero

¿Que tenia de especial la Semana Santa?

El Domingo de Ramos abre solemnemente la Semana Santa con el desfile de las Palmas y de la Pasión, de la entrada de Jesús en Jerusalén y la liturgia de la palabra que evoca la Pasión del Señor en el Evangelio de San Mateo, pero el Domingo de Resurrección es alegre aunque triste para los cofrades de las cofradias, alegre por la manifestación de la resurrección que sustenta la religión y triste porque la Semana Santa finaliza, pero aún quedan 60 días despues de la Resurreción para celebrar la Fiesta del Corpus Christi.

Domingo de Resurección (Procesión de las Aleluyas)

La tradicional Procesión del Encuentro y la tirada de las Aleluyas ponen el broche final a la Semana Santa después de participar los feligreses en la Procesión de las Aleluyas, durante este acto del Domingo de Resurrección tiene lugar la tradicional tirada de las Aleluyas una antigua tradición recuperada y que se celebra a la llegada de las imágenes a la Plaza, allí los asistentes lanzan desde lo alto las aleluyas, unas pequeñas estampitas que representan motivos ligados a tradiciones y lugares típicos y que llenan de color la última Procesión de la Semana Santa.
A la salida de los pasos comienzan a lanzarse Aleluyas desde lo más alto del templo y a lo largo del recorrido desde los balcones de las casas los vecinos lanzan miles, millones de aleluyas y contemplamos la imagen típica de los niños recogiendo caramelos y aleluyas. Una vez pasada la procesión los operarios de limpieza comienzan a recoger las aleluyas.


Seguimos, los espectáculos cerraban sus puertas salvo los cines que te echaban cada año siempre las mismas películas relativas a la religión porque las normales estaban prohibidas, año tras año repetían siempre Quo Vadis, La túnica sagrada, El beso de Judas, Barrabás, Molokai, Marcelino pan y vino, Los diez Mandamientos, Ben-Hur, vamos la alegría de la huerta, creo que estas películas la debo haber visto tropecientas veces.


¡Qué aburrimiento!

La radio y la televisión te ofrecían música clásica y documentales bíblicos además de retransmisiones de las Procesiones más importantes, se acababan para mi madre las mañanas con Juan del Toro y José Luis Pecker y las tardes con el cuadro de actores de Radio Madrid: Pedro Pablo Ayuso, Matilde Conesa, Juana Ginzo, Matilde Vilariño, Teófilo Martínez, Eduardo de la Cueva, etc..., y para mí se interrumpían Matilde, Perico y Periquín, El Coyote o Dos hombres buenos incluso los programas deportivos de Quilates o Gilera daban paso a una soporífera programación.

Claro está, era época de vacaciones y los chavales la disfrutábamos a fondo, la recuerdo mejor que el verano o las Navidades simplemente por la atmósfera, era una atmósfera especial cargada de tinieblas, tristeza y opresión, soliamos ir hasta el Parque del Retiro cuando alguno de nosotros tenía algo de dinero para alquilar una bicicleta en el Paseo de la Chopera, una para todos y que íbamos usando por riguroso turno de sorteo independientemente de quien o quienes hubieran aportado el efectivo del alquiler.
El Jueves santo, la Cuaresma ha sido históricamente una época que se vivía con solemnidad y recogimiento, no se permitían celebraciones ni fiestas, por poner sólo un ejemplo, hasta el Domingo de Resurrección no se podía silbar o cantar en público, el ayuno era obligatorio y la tónica en el vestir era la sobriedad.

Lo habitual era que el día de Jueves Santo se  visitaran los monumentos y los altares mayores donde se encontraban guardados en arcas los cálices con las Formas Consagradas durante los Oficios, se recorrían siete iglesias o las siete estaciones del Vía Crucis y a la salida se pasaban por las mesas petitorias donde las damas de la Corte pedían para fines benéficos a cambio de una estampita.

Lo más singular del Viernes Santo eran las Procesiones, los penitentes llevan hábitos de color negro hechos con tela de cáñamo que les llegaba hasta los pies, van enmascarados con un capuchón piramidal de un metro de longitud que llevan puesto sobre la parte superior de la cabeza…

Todas las cofradías tienen su estandarte, su trompeta y sus mayordomos, estos se pasean gravemente con el bastón de la cofradía entre las filas para mantener el orden, no obstante, está permitido a todos refrescarse en las tabernas y hay algunos que beben tanto y tan a menudo que dan más tumbos de lo que sería deseable.

El día de Viernes Santo, además de los Oficios se destapaban los crucifjos que habían permanecido cubiertos durante toda la Semana Santa, era el día en que las mujeres se vestían rigurosament de luto y con mantilla negra (Las Manolas).

Durante la Cuaresma sólo las personas que pagaban la bula correspondiente podían comer carne durante esas seis semanas, las charlas religiosas te iban metiendo en el ambiente Pascual, al grito de ser católico surgían las terribles contradicciones y miedos que pregonaban esos curas con sotana que con sus peroratas desde el púlpito te hacían temblar al pensar que habías hecho siempre méritos para ganarte el fuego en el infierno y donde no llega nunca la misericordia de Dios.

¡¡La condenación eterna!!

¡qué barbaridad! ¡qué canallas!

utilizando el miedo como medio para adoctrinar a los niños

recuerdo peroratas de este estilo:

mientras vuestros padres se gastan el dinero en el bar, el niño Jesús está desnudo y no tiene qué ponerse

¡iréis todos al infierno!

toda una sarta de mentiras y exageraciones malignas que te tenían acojonao y te hacía pensar en todo lo malo que te podía pasar.

Otra de las costumbres en Semana Santa era recorrer las 14 estaciones o Vía Crucis, en las iglesias se cubrían todas sus estatuas con telas moradas, engalanaban su altar mayor con velas, bombillas, paños, telas bordadas y otros adornos, la costumbre católica decía que había que recorrer siete iglesias donde se debía orar en sus altares engalanados en honor a Cristo, vaya movida más cutre y siniestra.


Luego estaban las Procesiones, en mi casa no eran nada beatos más bien lo contrario, pero empezamos con la procesión más importante de Madrid, es la Procesión del Silencio que se celebraba el Viernes Santo a las doce de la noche y era un acontecimiento que casi todo el mundo iba a ver, iban familias enteras con sus sillas de enea o de madera desde las cinco de la tarde para ir cogiendo sitio en las aceras de la Gran Vía esperando el gran momento, la susodicha Procesión.

En fin, no eran precisamente unas fechas idílicas más bien al contrario, se anhelaba volver a la normalidad, al cine semanal con películas normales, a escuchar Diego Valor en la radio o a ver en la tele a Perry Mason, hasta volver al colegio era mejor que padecer esa época tan rancia y gris, es de las pocas cosas desagradables que recuerdo de esa época.

Por último echemos un vistazo a esa gran obra franquista que fué creada para honrar a los caídos por España como la Basílica del Valle de los Caídos y en la que yo me casé con Carmen.


Regreso al contenido