Semana Santa - Viaje en el tiempo

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Semana Santa

Años 50_60_etc
La Semana Santa de antaño era una pesadilla, es verdad que no había colegio, también que tenías mucho más tiempo para jugar, sin embargo no me gustaba, dicen que la memoria es selectiva y que recuerda las cosas buenas pero tengo pocos buenos recuerdos de la Semana Santa que pasé en mi pubertad, estábamos en un estado Católico-Nacional como se puede suponer, la Semana Santa era una festividad religiosa importantísima, todo estaba supeditado al rito religioso.

En cuanto al ocio, en la Semana Santa ocurría que como signo de religiosidad y recogimiento se suspendían todo tipo de espectáculos lúdicos, por lo que el tiempo libre se empleaba acudiendo a las procesiones, pasear por el Parque del Retiro o quedarse en casa escuchando la radio, pero

¿Que tenia de especial la Semana Santa?

El Domingo de Ramos abre solemnemente la Semana Santa con el desfile de las Palmas y de la Pasión, de la entrada de Jesús en Jerusalén y la liturgia de la palabra que evoca la Pasión del Señor en el Evangelio de San Mateo pero el Domingo de Resurrección es alegre aunque triste para los cofrades de las cofradias, alegre por la manifestación de la resurrección que sustenta la religión y triste porque la Semana Santa finaliza, pero aún quedan 60 días despues de la Resurreción para celebrar la Fiesta del Corpus Christi.

Domingo de Resurección (procesión de las Aleluyas)

La tradicional Procesión del Encuentro y la tirada de las Aleluyas han puesto el broche final a la Semana Santa después de participar los feligreses en la procesión de las Aleluyas, durante este acto del Domingo de Resurrección, tiene lugar la tradicional tirada de las Aleluyas, una antigua tradición recuperada y que se celebra a la llegada de las imágenes a la Plaza, allí, los asistentes lanzan desde lo alto las aleluyas, unas pequeñas estampitas que representan motivos ligados a tradiciones y lugares típicos y que llenan de color la última procesión de la Semana Santa.
A la salida de los pasos comienzan a lanzarse aleluyas desde lo más alto del templo, y a lo largo del recorrido desde los balcones de las casas las personas han lanzado miles, millones de aleluyas, y la imagen típica de los niños recogiendo caramelos y aleluyas; una vez pasada la procesión, los operarios de limpieza comienzan a recoger las aleluyas.


Para empezar, los espectáculos cerraban sus puertas salvo los cines que te echaban cada año siempre las mismas películas, las normales estaban prohibidas, año tras año repetían siempre Quo Vadis, La túnica sagrada, El beso de Judas, Barrabás, Molokai, Marcelino pan y vino, Los diez Mandamientos, Ben-Hur, vamos, la alegría de la huerta, creo que estas películas la debo haber visto tropecientas veces.


¡Qué aburrimiento!

La radio y la televisión te ofrecían música clásica y documentales bíblicos, además de retransmisiones de las procesiones más importantes, se acababan para mi madre las mañanas con Juan de Toro y José Luis Pecker y las tardes con el cuadro de actores de Radio Madrid: Pedro Pablo Ayuso, Matilde Conesa, Juana Ginzo, Matilde Vilariño, Teófilo Martínez, Eduardo de la Cueva, etc..., y para mí, se interrumpían Matilde, Perico y Periquín, El Coyote o Dos hombres buenos, incluso los programas deportivos de Quilates o Gilera, daban paso a una soporífera programación.

Claro está, era época de vacaciones y los chavales la disfrutábamos a fondo, la recuerdo más que el verano o las Navidades simplemente por la atmósfera, era una atmósfera especial cargada de tinieblas, tristeza y opresión, soliamos ir hasta el Parque del Retiro, cuando alguno de nosotros tenía algo de dinero para alquilar una bicicleta en el Paseo de la Chopera, una para todos, que íbamos usando por riguroso turno de sorteo, independientemente de quien, o quienes hubieran aportado el efectivo del alquiler.

Durante la Cuaresma, sólo las personas que pagaban la bula correspondiente podían comer carne durante esas seis semanas, las charlas religiosas te iban metiendo en el ambiente Pascual, al grito de ser católico surgían las terribles contradicciones y miedos que pregonaban esos curas con sotana que con sus peroratas desde el púlpito te hacían temblar al pensar que habías hecho siempre méritos para ganarte el infierno en el fuego y donde no llega nunca la misericordia de Dios.

La condenación eterna

¡qué barbaridad! ¡qué canallas!

utilizando el miedo como medio para adoctrinar a los niños

recuerdo peroratas de este estilo:

mientras vuestros padres se gastan el dinero en el bar, el niño Jesús está desnudo y no tiene qué ponerse

¡Iréis todos al infierno!

toda una sarta de mentiras y exageraciones malignas que te tenían acojonao y te hacía pensar en todo lo malo que te podía pasar.

Otra de las costumbres en Semana Santa era recorrer las 14 estaciones o Vía Crucis, en las iglesias se cubrían todas sus estatuas con telas moradas, engalanaban su altar mayor con velas, bombillas, paños y telas bordadas y otros adornos, la costumbre católica decía que había que recorrer siete iglesias donde se debía orar en ese altar engalanado en honor a Cristo, vaya movida más cutre y siniestra.


Luego estaban las procesiones, en mi casa no eran nada beatos, más bien lo contrario, pero la procesión más importante de Madrid era la Procesión del Silencio que se celebraba el Viernes Santo a las doce de la noche y era un acontecimiento que casi todo el mundo iba a ver, iban familias enteras con sillas de enea o de madera desde las cinco de la tarde para ir cogiendo sitio en las aceras de la Gran Vía esperando el gran momento, la susodicha procesión.

En fin, no eran precisamente unas fechas idílicas, más bien al contrario, se anhelaba volver a la normalidad, al cine semanal con películas normales, a escuchar Diego Valor en la radio o a ver en la tele a Perry Mason, hasta volver al colegio era mejor que padecer esa época tan rancia y gris, es de las pocas cosas desagradables que recuerdo de esa época.

Por último echemos un vistazo a esa gran obra franquista que fué creada para honrar a los caídos por España como la  Basílica del Valle de los Caídos.

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