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Oficios de Renfe

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La llegada del ferrocarril trajo una nueva clase social, los ferroviarios que con el nuevo transporte se modificaron una serie de adaptaciones laborales y tecnológicas que dieron lugar a trabajos vinculados exclusivamente al mundo ferroviario como los jefes de estación, factores de circulación, guardagujas, interventores, calzadores, enganchadores, guardesas, guardabarreras, capataces, sobrestantes, avisadores, maquinistas, fogoneros, jefes de tren, visitadores, guardanoches y guardafrenos como son algunos de los oficios que se desarrollaron con el ferrocarril.

Con la modernización ferroviaria y sobre todo con la muerte del vapor, la mayor parte de estos oficios han desaparecido y pocos perviven y los que lo hacen tienen una nueva denominación del trabajo que desempeñan. Las generaciones actuales apenas si tienen contacto con supervivientes de ese entorno y las futuras generaciones solo podrán conocer su historia a través de documentos, fotografías y testimonios de aquellos que ejercieron su profesión en ese mundo.

Mozo de equipajes
Entre todos los trabajadores ferroviarios que pululaban por el vestíbulo de la estación destacaban los mozos o maleteros que o bien llevaban carretillas para las maletas o bien esperaban a los posibles viajeros para trasladar sus equipajes camino del tren o hacia la salida en busca de otro transporte, solícitos como nadie a la búsqueda del cliente ofrecían su mano de obra con la sonrisa en los labios y la gorra sempiterna calada sobre las cejas.

Eran por lo general hombres rudos, experimentados en el trato con el cliente, zalameros y con mucha picaresca e ironía, buscaban la señal del cargado viajero para aliviarle de su pesadilla, vestidos con un largo blusón llegaban incluso a portar al hombro fardos de cuerda para hacer aún más evidente el oficio, el servicio casi se hacía a la carrera porque debían intentar hacer el máximo de portes en cuanto el tren paraba en la estación y hasta que otro convoy hiciera su entrada permanecían en corrillos contando historias o bebiendo en la cantina.

Conocidos como los escopeteros pertenecientes al personal de Renfe y a los cuales llamábamos así porque en su dotación de armamento llevaban al hombro eso, una escopeta o fusil igual o similar al Máuser del ejército de aquellos años, a estos ferroviarios se les podía ver habitualmente viajando por parejas en los trenes con su uniforme reglamentario de color gris azulado, chapa identificativa, guerrera con hombreras, pantalón largo sin vuelta con cinturón y una gorra de plato del mismo género.

Este Cuerpo constituía un servicio de vigilancia privada de Renfe y para ello disponía de un arma del tipo carabina Destroyer de calibre 9 milímetros Bergmann (largo), ligera, manejable, con poco retroceso y relativamente precisa.


El ferrocarril protagonizó la vuelta de un miembro de la Familia Real a tierras españolas y de nuevo un noble ejercía de maquinista, a comienzos del otoño de 1948 un tren conducido por el Conde de Alcubierre que vestía la camisa azul y la gorra de ferroviario cruza la frontera lusoespañola, en él viajan dos hermanos, el mayor Juan Carlos que cuenta con diez años y el pequeño Alfonso tan solo siete. En el Lusitania Express viajan también el Duque de Sotomayor, José Aguinaga, el Conde de Orgaz, Mercedes Solano y el Vizconde de Rocamora.

La salida desde Lisboa fue discreta siguiendo las instrucciones del embajador Nicolás Franco por lo que casi pasaron desapercibidos. Juanito como le llamaban entonces contaba con un vagón especial que Renfe envió desde España para la ocasión. El tren salió a las 20:00 horas para darle la bienvenida que no tuvo lugar en Madrid sino en la estación de Villaverde dónde estaban el Conde de Fontanar, el Marqués de Casa Oriol, el sacerdote Ventura Gutiérrez y Julio Dánvila que fue su primer preceptor en España, se trataba de un grupo de señores vestidos de negro con la alegría del franquismo en el rostro.

Cuando llegó lo trasladaron directamente al Cerro de Los Ángeles y allí celebraron misa, comunión y ofrenda al Sagrado Corazón según relatan en una biografía apócrifa.

El Conde de Alcubierre es otro Grande de España que ligó su vida al ferrocarril y a Renfe, Alfonso Escrivá de Romaní y Sentmenat (1894-1978) que ostentaba además los títulos de Conde de Glimes de Brabante y Marqués de San Dionís era un entusiasta ferroviario que durante cerca de 40 años condujo distintos trenes desde el vapor a los modernos Talgo. Su magnífica relación con el Conde de Barcelona propicia varios encuentros en el tren con el hoy rey emérito Juan Carlos I y el fotógrafo llegó a captar el momento en que el noble pedía la venía al entonces Príncipe para iniciar el viaje.

Reconocido experto ferroviario condujo el Tren del Centenario durante los actos conmemorativos de la llegada del ferrocarril a Aranjuez así como otros convoyes significativos de los años 50. Durante su actividad en el mundo del tren recorrió más de medio millón de kilómetros conduciendo todo tipo de máquinas. Fue el primer presidente de la Asociación de Amigos del Ferrocarril de Madrid y un gran aficionado a los trenes en miniatura con una de las mejores colecciones del país.

Recuerdo personalmente ir a su palacete en la antigua calle Cea Bermúdez los domingos por la tarde y junto a otros hijos de sus amigos nos dedicabamos a pasar la tarde como Jefes de estación y dependiendo de lo avispado que eras te daban una de las estaciones que habia en la grandiosa maqueta de ferrocarril
con maquetas animadas y degustando la merienda de bollos y naranjadas que nos servía su mayordomo.


Oficios que con el tiempo se han borrado del trabajo diario en Renfe...
 

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